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Teletrabajo y Gatos: La verdadera jerarquía corporativa

Dicen que el Home Office te da libertad. Te venden la idea de los nómadas digitales, de que eres el dueño de tu tiempo, que gestionas tu espacio zen y que, por fin, no tienes que desplazarte a tu trabajo.

Mentira.

Llevo años trabajando desde casa de manera hibrída (algunos días en la oficina y otros desde casa), rodeado de monitores, cables y tazas de café olvidadas, y he descubierto la cruda realidad: aun que no vaya a la oficina tengo que ir a comprar croquetas, Soy, a efectos prácticos, el asistente personal mal pagado, conserje y chef de un CEO que pesa 4 kilos, camina en cuatro patas y tiene una obsesión enfermiza con las cajas de Amazon.

Hablo de Power (o Moka, dependiendo de qué tan indignada esté ese día).

El Micromanagement felino (y el terror en Slack)

En una oficina normal, tu jefe se asoma a tu cubículo con su taza de «World’s Best Boss» para preguntar «¿cómo vas con el reporte?». Es molesto, sí. Es invasivo, también. Pero en mi casa, la supervisión es física, psicológica y, a veces, dolorosa.

Mi «jefa» tiene una técnica de gestión infalible para asegurarse de que no olvide quién manda:

  1. Observación pasivo-agresiva: Se sienta en la esquina del escritorio, justo detrás del monitor, juzgándome en silencio mientras intento concentrarme en la terminal de Linux del servidor que están atacando.
  2. Sabotaje táctico: Espera a que esté en una llamada crítica o depurando el disco de un servidor en producción para ejecutar su movimiento maestro.
  3. El paseo de la vergüenza: Caminar con total impunidad sobre el teclado mecánico (porque claro, le gusta cómo suenan los switches rojos), presionando Enter en el peor momento posible.

Gracias a ella, he enviado mensajes a canales generales de Slack que dicen cosas profundas como: jjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj o /////////////.

No es un accidente. Es un recordatorio de poder. Es ella diciéndome: «Tu trabajo paga las croquetas de salmón, humano, pero yo decido si trabajas hoy».

La silla no es tuya, es «nuestra» (SPOILER: Es de ella)

¿Te has levantado dos minutos para ir por un café a la cocina? Error de novato.

Esa silla ergonómica que compraste, esa que costó lo mismo que una tarjeta gráfica decente y que prometía «cuidar tu espalda», ha sido expropiada. Al regresar, encuentras una bola de pelo ronroneante perfectamente acomodada en el centro del asiento, absorbiendo el calor que dejaste.

En ese momento, la vida te presenta dos opciones:

  • Opción A: Mover al gato.
    • Consecuencia: Miradas de odio absoluto, un gruñido bajo que invoca demonios antiguos y posibles represalias dentro de tus zapatos más tarde.
  • Opción B: Sentarte en la orilla de plástico duro, torcido como un camarón, con una nalga en el aire y la columna girada 45 grados, aceptando tu lugar en la cadena alimenticia.

Spoiler: Siempre elijo la B. Mi espalda me odia, pero mi gata me tolera. Es un intercambio justo.

El «Impuesto al Atún»

Hablemos de la hora de la comida.

En una oficina, tu mayor problema es que alguien se robe tu yogurt del refri. Aquí, el problema es que no puedes abrir nada en la cocina sin pagar el impuesto revolucionario.

¿Abro una lata de atún para mi ensalada? Ella asume que es para ella. ¿Corto pollo? Ella está ahí. ¿Abro un paquete de galletas? No le gustan, pero tiene que olerlas para confirmar que hoy tampoco le gustan.

El teletrabajo con gatos implica que nunca comerás solo. Siempre tendrás un par de ojos clavados en tu plato, haciéndote sentir culpable por cada bocado que no compartes. Es como comer con un auditor fiscal sentado frente a ti.

Conclusión: El Síndrome de Estocolmo

Lo peor de todo es que, a diferencia de un jefe humano tóxico que te hace llenar hojas de cálculo inútiles, cuando este tirano decide «premiarme» con un ronroneo motorizado o frotando su cabeza contra mi mano mientras intento usar el mouse, me siento validado.

Es patético. He cambiado mi dignidad profesional por un poco de afecto interespecie y la «oportunidad» de limpiar su arenero.

Así que sí, el teletrabajo es genial. No cambio por nada el no tener que usar pantalones de vestir ni aguantar el tráfico de la ciudad. Pero no nos engañemos: aquí adentro no mandamos nosotros.

Solo somos el soporte técnico y el staff de catering de una gata que se cree diosa. Y probablemente lo sea.


Escrito mientras Power duerme sobre mi brazo izquierdo, dejándome escribir solo con la mano derecha. Send help.

Me compré una MacBook Pro M5 y ahora mi identidad fiscal está en peligro

Tenía una Mac M2 del trabajo.

Una máquina decente, rápida, silenciosa…

pero con un detalle: no era mía.

Y en realidad la use durante meses para crear este blog.

Cada vez que abría algo que no era del trabajo, sentía que un auditor imaginario me respiraba en la nuca.

Instalar Docker:

delito federal.

Correr un LLM local:

abuso de confianza.

Cambiar el wallpaper a una mona china subido de tono:

causa de despido inmediato.

Así que hice lo que cualquier adulto responsable haría:

Gasté casi 40 mil pesos en una MacBook Pro M5 para dejar de sentir culpa moral.

Y, mira…

no voy a mentir:

desde que la saqué de la caja me sentí como si hubiera comprado una nave espacial.

La Mac M5 no solo es una laptop:

es mi carta de libertad…

Esta computadora no es una herramienta.

Es una excusa para justificar mi existencia tecnológica.

y también el motivo por el que no voy a comer sushi por seis meses.

Cosas que pasaron inmediatamente después de prenderla

  • Todo abre tan rápido que por un segundo pensé que sabía programar mejor.
  • El ventilador… no existe. La máquina es más silenciosa que mis decisiones responsables.
  • Batería que dura más que mis relaciones.
  • El trackpad tiene más precisión que yo tomando decisiones de vida.

Mientras tanto, la vieja M2 del trabajo se quedó ahí, en mi escritorio, mirándome como ex que todavía tiene tus sudaderas:

“¿Ya no soy suficiente?

¿Es por el procesador?”

No, M2.

Es por la libertad.

Y porque contigo no puedo poner hentai de monas chinas en el escritorio sin que RH me haga una intervención.

Cosas que ahora sí puedo tener en mi Escritorio personal:

  • 99 pestañas abiertas solo para sentirme vivo.
  • 4 proyectos nuevos que nunca terminaré.
  • 3 LLM corriendo local “para pruebas científicas”.
  • Wallpapers de monas chinas hentai muy subidos de tono.
  • Una carpeta llamada “IMPORTANTE” que en realidad no tiene nada importante.

Y lo más valioso de todo:

La Gata Power viéndome desde la cama,

mirando la Mac nueva como si fuera una compradora de SAT:

“¿Y de esto dónde está la factura?

Ajá.

Eso pensé.”

Su mirada de juicio es más pesada que cualquier benchmark.


¿Valió la pena?

No.

¿Me siento mejor?

Increíblemente sí.

¿Voy a estar comiendo maruchan un rato?

Sin duda.

¿Volvería a hacerlo?

A la primera provocación.

Game Pass ahora cuesta 30 USD… y todavía quieren que les dé las gracias

Publicado desde una suscripción cancelada, con olor a café recalentado y dignidad recuperada.

Hay cosas que simplemente envejecen mal: el hype de los NFT, los juegos como servicio, y ahora… el Game Pass a 30 USD mensuales.
Sí, treinta dólares. El servicio que alguna vez fue la promesa dorada de “todos los juegos que quieras, cuando quieras” se convirtió en una especie de buffet barato de videojuegos recalentados, donde lo único que abunda son los títulos que nadie pidió, ni gratis, ni en una rifa de Steam del 2009.

Y ojo: no digo que todo sea malo. Hi-Fi Rush fue divertido, yo diría increíble necesitamos más juegos así. Starfield… existió, soy fanático del espacio, técnicamente este juego debería ser para mi, y me pareció más aburrido que ver al pasto crecer. Y el resto del catálogo parece armado por un algoritmo con déficit de atención y gusto cuestionable.
Entre simuladores de cortar pasto, roguelikes genéricos y juegos indies que juran que su depresión es arte, uno se pregunta:
¿de verdad vale la pena pagar el equivalente a medio tanque de gasolina por esto?


“Pero incluye EA Play y Ubisoft+”… sí, y también el mal gusto

La integración de EA y Ubisoft fue la cereza podrida del pastel.
EA ofrece su biblioteca de juegos para imbeciles con presupuesto AAA: FIFA, Battlefield, Madden, y cualquier cosa que pueda venderte cromos digitales de Messi.
Ubisoft, por su parte, sigue reciclando la misma fórmula de mapa abierto + torres + checklist mental desde hace más de una década.
Y no me hagas hablar de Assassin’s Creed Mirage o el nuevo Far Cry. Es como comer avena sin azúcar y pretender que tiene sabor.


¿Y qué hay de Call of Duty?

Ah, sí. El eterno refugio de los niños rata y adultos desempleados con tiempo para gritarle a un micrófono a las 3 AM.
Ahora con más microtransacciones, skins ridículas y crossovers con Shrek.
Por algún motivo, Microsoft cree que esto justifica parte del precio del Game Pass. Spoiler: no.


Pero ahora incluye Fortnite Pass

Oh, claro. Fortnite. El TikTok de los videojuegos.
Un metaverso de bailecitos, publicidad y colaboración con cada franquicia imaginable: de Dragon Ball a Eminem.
Es el parque infantil digital de una generación que necesita dopamina en cápsulas de 15 segundos.
Y ahora, por algún motivo místico, forma parte de la “experiencia Game Pass Premium”.
No sé si reír, llorar o subir un reel para adaptarme a la nueva realidad.


El principio del fin: la mierdificación de los servicios

No es solo Game Pass.
Es todo el modelo de “suscripción infinita” que se está pudriendo desde adentro.
Netflix, Spotify, PlayStation Plus… todos prometen libertad, pero lo que entregan es fatiga digital.
Demasiadas opciones, poca calidad, y cada vez menos control sobre lo que consumimos.

Microsoft, en lugar de mejorar su servicio, le sube el precio un 50% y baja el valor real en el proceso.
Antes había lanzamientos día uno que valían la pena. Ahora… ni eso.
¿Dónde están los AAA que justifican esos 30 dólares? No hay. Solo trailers, humo, y promesas para el “año que viene”.


Mi propuesta: el Game Pass modular (o cómo rescatar algo de este desastre)

Imaginen si en lugar de pagar 30 USD por toda esa basura, pudiéramos armar nuestro propio paquete mensual.
Un modelo donde eliges 5 o 6 juegos de distintas categorías —retro, indie, AAA, multijugador— y pagas solo por esos.
Nada de “catálogo completo” ni de pagar por títulos que jamás vas a tocar.
Sería el equivalente gamer de ir al sushi y pedir solo lo que realmente te gusta, sin tener que tragar wasabi con cereal.


Power (mi gata siamés, con su eterno cigarro imaginario) me miraba mientras cancelaba la suscripción.
Esa mirada de: “Ya era hora, imbécil. No eres el mismo de antes”.
Y tenía razón.
Tal vez ya no necesito pagarle a una megacorporación para sentir que tengo “todo a mi alcance”.
Quizá lo que necesito es menos catálogo y más alma.
Menos suscripciones, más juegos que realmente quiera jugar.


🕹️ En resumen:

Game Pass no murió… pero se volvió un reflejo del estado actual del gaming:
bonito por fuera, vacío por dentro, y cada vez más caro.
Y aunque Microsoft crea que seguimos ahí por costumbre… algunos, como yo, preferimos pagar con dignidad antes que con débito automático.

Publicado desde Tokyo-03

Hoy se cumple un año desde que lancé este rincón digital. El primer post decía:

“este blog nació como muchas cosas buenas en internet: sin pensar mucho y con algo de insomnio.” Tokyo 03 Blog

En ese momento no imaginé que estaría aquí un año después, escribiendo sobre waifus, guitarras, juegos raros, gatos con mirada de superioridad y mi eterna búsqueda de dopamina.


Lo que pasó durante este año

Un repaso rápido (con nostalgia, sarcasmo y algo de vergüenza) de lo mejor:

  • Guitarras: desde la Epiphone Worn Cherry hasta la PRS que tanto te rompiste los dedos para tener.
  • Posts de anime con más psicología que un grupo de apoyo.
  • Waifus, robots gigantes, lore urbano y tecnología explicada por alguien que sabe… pero también se burla.
  • Momentos en los que mis vecinos “piteros” imaginaron que iba a poner el amplificador al máximo.
  • La gata Moka/Power con cara de jefe observándome mientras tecleo.

Todo eso, disfrazado de “opiniones que nadie pidió”. Pero que de alguna manera alguien lee, y eso es lo que importa.


Reflexiones del aniversario

  1. Este blog no tiene ruta fija
    Nunca busqué estabilidad temática. A veces hablo de anime, otras de hardware, otras de videojuegos rarísimos. Eso ha sido su gracia: la libertad de decir lo que me arda en ese momento.
  2. Las migajas de dopamina seguirán siendo la gasolina
    Una notificación, un comentario, una imagen estilo glitch bonito: cualquier señal de “alguien leyó esto” es combustible para seguir. Somos adictos discretos de ese pequeño rush digital.
  3. Gracias por compartir tu tiempo (aunque sea un minuto)
    Sé que nadie obliga a nadie a leer, pero si estás aquí, leyendo estas líneas, gracias por tolerarme.

Para celebrar: mini-retos

Para este año dos quiero hacer algo especial:

  • Hacer un post de perfiles raros.
  • Crear un “mapa de Tokyo-03” ilustrado con todos los temas que hemos tratado.
  • Releer cada post viejo y hacer un “retrospectiva cruda” con comentarios en tono meme.

Si este blog fuera un juego, ayer habría desbloqueado el logro de “Aniversario inútil pero significativo”.
¿Los juegos modernos nos tratan como idiotas? Tal vez.
¿Yo te trato como lector con respeto? Intento.
¿Seguiremos escribiendo un año más (o dos, o tres…)? Tú dime si te quedas.

Gracias por venir, por leer, por ignorar mis errores tipográficos, y por darle vida a Tokyo-03.

Tecnología para gente que odia a la gente

O cómo la modernidad me permite evitar el contacto humano sin sentir (tanta) culpa

¿Recuerdas cuando la tecnología prometía conectarnos con el mundo?
Bueno, yo solo quería que me ayudara a no hablar con nadie.

Gracias a la magia de los avances modernos, ahora puedo:

  • Ignorar llamadas sin sonar grosero (“lo vi tarde, lo juro, estaba en modo no molestar desde el 2019”).
  • Poner “reunión” en el calendario solo para quedarme viendo memes sin ser molestado.
  • Decirle a WhatsApp que me lea los mensajes por voz, para no tener que hacer el mínimo esfuerzo emocional.
  • Hacer la compra del súper, pagar servicios, hablar con el SAT, y cancelar citas médicas… todo sin ver una sola cara humana.

La tecnología no nos alejó.
Nos salvó del small talk.
Nos dio la libertad de estar solos… y encima, con Wi-Fi.

¿Es saludable? Probablemente no.
¿Me importa? No mientras Alexa no empiece a juzgarme.

Próximamente: cómo tener relaciones funcionales sin tener que oír a nadie masticar.


No me llames, mándame un meme

¿Recuerdas cuando la gente te llamaba sin avisar y tú tenías que contestar?
Tiempos oscuros.
Ahora tenemos mensajes, notificaciones silenciosas y la excusa perfecta:
“estaba en modo No Molestar”
(Spoiler: siempre está activado. Es mi modo de vida.)

Hay gente que aún prefiere hablar por teléfono.
Gente peligrosa.
Gente que debería estar en listas de vigilancia.


Calendario: mi mejor barrera social

Hoy en día puedes poner una reunión en tu calendario solo para no tener que ver a nadie.
Reunión contigo mismo. En silencio. Con JPOP y una cara de “estoy ocupado, no molestes”.

Yo tengo bloqueadas dos horas al día que se llaman literalmente:
“Evitar interacción humana”

Y funciona. Porque si algo respeta la gente más que tu tiempo…
es la posibilidad de que estés en una videollamada con alguien más importante que ellos.


Hacer el súper sin hablarle a nadie: nivel dios

Comprar todo desde una app.
Que me lo dejen en la puerta.
Y que el repartidor no toque el timbre.

Esa es mi religión.
Yo no quiero saber si hay promoción de aguacate.
Quiero que los objetos aparezcan como por arte de magia, sin mediar palabras, miradas ni sonrisas falsas.

El ser humano fue diseñado para cazar mamuts.
No para escuchar: “¿Va a querer redondear su compra?”


Tecnología que me protege del mundo (y de mí mismo)

  • Gmail que me sugiere respuestas para no tener que pensar.
  • WhatsApp que me lee los mensajes en voz alta para que no tenga que procesar emociones.
  • Bots de soporte que me tratan como si fuera importante.
  • Relojes que miden mi estrés mientras yo lo ignoro profesionalmente.

La tecnología me da herramientas para sobrevivir en un mundo lleno de gente…
…sin tener que convivir con ella.


¿Y la soledad?

Claro que a veces se siente el vacío.
Pero también se siente cuando alguien te cuenta cómo estuvo su día durante 37 minutos sin respirar.

Y si tengo que elegir entre estar solo o escuchar otra historia sobre lo que soñaste…
prefiero abrazar a mi robot aspiradora.


Antisocial, pero eficiente

La tecnología no nos deshumanizó.
Nos hizo más eficientes en nuestra misantropía.

No estoy diciendo que odiar a la gente sea sano.
Solo que, con las herramientas adecuadas, se vuelve mucho más cómodo.

Así que si alguna vez te sientes mal por dejar en visto, ignorar llamadas o fingir que estás en reunión…
Recuerda: la tecnología está de tu lado.

Y yo también.

Pero desde lejos.
Con audífonos puestos.
Y notificaciones en silencio.

Lo que Evangelion me enseñó sobre ansiedad.

Publicado desde la jaula de Faraday emocional que me dejó Asuka.


¿Sabes qué es Evangelion?
Sí, claro que sabes.
Pero si no, te resumo:

Una serie donde adolescentes con problemas más grandes que la inflación mexicana pilotan robots gigantes biológicos para matar ángeles mientras lidian con el abandono parental, el colapso del ego, y la insoportable idea de estar solos… o peor: con otros.

Es como si Freud hubiera diseñado Mazinger Z después de un mal viaje con ácido.

Y yo, como buen adolescente con traumas suaves al dente, la vi y pensé:

“Ah, Asuka es la mejor y grita mucho. Creo que estoy enamorado.”


😬 Evangelion no es una serie. Es una herida emocional con opening catchy

A los 13 la ves y dices:

“Wow, mechas, violencia, monas chinas, fly me to the moon como ending.”

A los 25 la vuelves a ver y te das cuenta que:

  • Shinji no se sube al EVA porque tiene crisis existencial e insuficiencia afectiva grave.
  • Misato te recuerda a tu ex que te decía “te amo” pero también te dejaba en visto por dos días.
  • Rei existe como un placeholder emocional.
  • Y Asuka… ah, Asuka.

🔥 Asuka Langley: mi bandera roja favorita

¿Alguna vez has amado a alguien que claramente necesita terapia más que amor?
Asuka Langley Soryu.

Ella grita, es violenta, tiene autoestima rota camuflada con arrogancia, y le dan más ataques de ansiedad que a un gato en año nuevo.
Y yo:

“Es perfecta.” 🧡

“Pero, Juan, eso no está bien. Es una menor de edad animada con traumas severos.”
—Sí, pero yo también tenía 13 y traumas severos.

Y aquí estamos, 20+ años después, con una cantidad de figuras de Asuka,
un tatuaje de Asuka en el brazo,
y una novia que (a veces) me hace cosplay de Asuka para hacerme feliz.


¿Por qué me gusta tanto Asuka?

Porque representa el ideal de:

“Si la salvo, me va a amar.”
(spoiler: no lo hace, y tú tampoco puedes salvar a nadie, campeón).

Porque detrás de su furia, hay un niño roto.

Porque gritaba fuerte, pero lo que quería era que alguien la viera realmente.

Y a veces era la única en la que podías confiar, o la única que se levantaba a resolver los problemas.


¿Por qué Evangelion pega tan fuerte?

Porque te muestra lo que eres con el espejo sucio.
No idealiza el dolor. No lo embellece.

Te dice:

«Esto es depresión. Esto es aislamiento. Esto es querer contacto humano pero tenerle miedo.»

Shinji no quiere subirse al EVA porque sabe que si lo hace, su papá solo lo va a usar.
Misato bebe para no sentirse sola.
Rei es un poema de nihilismo existencial con peinado de pez globo.
Asuka grita para no llorar.
Y yo hago posts como este para no ir a terapia porque el valium ya no es suficiente.


🪞Lo de escoger mujeres traumadas, ¿ya lo hablaste con alguien?

No.
Y no quiero.
Pero reconozco el patrón:

  • Me gusta quien no me puede querer bien.
  • Me atrae el caos emocional.
  • Prefiero una relación con retos reales antes que un cuento de hadas sin chispas.

No es una red flag.
Es la puta bandera de Japón en modo Evangelion:
rojo, minimalista y completamente llena de culpa.


👩‍🎤 Y sí, terminé con una mujer que grita

Mi novia actual:

  • Que grita.
  • Se enoja si dejo el baño mojado.
  • Me ama profundamente.

No es una genio brillante ni la capitana de NERV.
No necesita serlo.
Es valiente, me acompaña, me ha aguantado 23 años, y eso ya es nivel Dios.


Lo que Evangelion me enseñó

  • Que no puedes pilotar tu vida con tu trauma como copiloto.
  • Que el amor no siempre es suave, pero puede ser verdadero.
  • Que idolatrar personajes rotos no es raro… si tú también lo estás un poco.
  • Que si tienes una novia que te quiere tanto como para hacer cosplay de tu waifu tatuada, ya ganaste en la vida.

Evangelion: el anime que no sabías que era un espejo roto

Evangelion es el único anime donde ver a un adolescente llorar por 3 episodios seguidos te hace sentir comprendido.

Shinji no se sube al EVA porque no sabe si merece el cariño de nadie.
Misato dirige la base como si fuera la tía alcohólica que aún no supera a su ex.
Rei… bueno, Rei está ahí para que reflexiones sobre la nada.
Y Asuka solo quiere que alguien le diga que lo está haciendo bien.

Y ahí estaba yo, a los 13, viéndolos a todos y diciendo:

“Ah, mira. Gente como yo.”


Final: Instrumentalízame esta

Evangelion no me dio respuestas.
Me dio el idioma para hacer las preguntas.

Y me dio una excusa para amar a alguien con todo y sus gritos,
con todo y sus regaños,
y con todo y ese disfraz rojo que saca sonrisa hasta en los días grises.

Y Asuka…
Sigue siendo mi favorita.
No porque sea perfecta, sino porque me recuerda que todos cargamos con algo que no mostramos.

Y honestamente…
eso me basta.

La evolución de las convenciones de anime

(o cómo pasamos de comprar pósters de Evangelion a que nos ofrezcan ser ahorcados con muslos por 100 pesos)

Ya con 40 años bien cumplidos (sí, el otaku también envejece), me lancé a la convención de Vive la Conco… ¿Quién sabe por qué ya no se llama ConComics? Algo legal habrá pasado, como siempre. El punto es que, como cada año, caigo a unas dos convenciones aquí en Guadalajara, y casi siempre son estas —las de ConComics o ahora Vive la Conco o como se llamen esta temporada—. Llevo como 25 años yendo a estos eventos, y sí, todo ha cambiado un montón.

Primero lo obvio: la raza ya no es la misma. Hay nuevas generaciones, nuevas prioridades… y lo que antes era el clímax del evento —el concurso de cosplay— ahora es casi un sidequest. Lo que de verdad mueve la convención hoy son dos cosas:

  1. Los puestos de arte (mayoría fujoshis, sí, se tenía que decir), con prints que parecen salidos de un fanfic con exceso de esteroides.
  2. Los cosplayers profesionales… que ya no solo posan para fotos, ahora también tienen su QR bien visible para su OnlyFans o Ko-fi. O te ofrecen, por módicos 100 pesos, que te ahorquen con sus muslos en plena convención. Un gran momento para estar vivo, sí, pero también un gran momento para hacerse el que no vio nada y seguir caminando con dignidad 😅…. que por cierto la oferta de es la cosplayer roxii_cosplay en el link sus redes por si están interesados (mención no pagada) .

Y no lo digo como boomer amargado (bueno, tal vez un poco), pero estas cosas cambian la vibra. Antes era más ñoño e inocente; ahora es medio feria kinky con Pikachu en el fondo. No está mal, solo… distinto. Como si Evangelion ahora fuera dirigido por Quentin Tarantino.

Y si bien hay cosas que se agradecen —como los expositores que se avientan la chamba de hacer lámparas, cuadros o figuras con tus personajes favoritos—, hay que decirlo: está todo muy pitero. O sea, se valora el esfuerzo, pero parece que la mitad de los puestos salieron directo de un bazar de Facebook. Todo brilla, todo es LED, y todo cuesta como si lo hubiera bendecido Miyazaki en persona.

Y ya ni hablemos de los precios. La inflación otaku está alv. Ves un peluche de Gengar y te lo quieren dejar ir en 800 pesos… cuando sabes perfectamente que viene de algún oscuro rincón de AliExpress y que tardó más el envío que lo que costó fabricarlo. Literal, hay cosas que se ven más originales en la caja de cereal.

Además, ya no hay esa sensación de “wow, esta figura jamás la había visto” o “esto solo lo encuentro aquí”. Ahora puedes conseguir todo —y mejor— desde tu sillón con una tarjeta de débito y conexión WiFi. Las convenciones ya no son ese lugar místico donde te topabas mercancía de culto, de esas series que marcaban época (llámese Cowboy Bebop, Evangelion, Rurouni Kenshin, etc). Hoy todo es Jujutsu Kaisen, Kimetsu no Yaiba y un mar de Funkos que parecen clonados en masa por un algoritmo sin alma.

Y sí, entiendo que el mercado cambia, que los morros consumen otras cosas, pero se siente más como una expo de TikTok que como un templo otaku. Igual y ya es la edad, o igual y siempre fue así y uno lo veía con los ojos de la emoción adolescente… pero no sé, hay algo que se perdió entre tanta luz neón y tanto fanservice con envoltura de negocio.

Y ojo, no es que no vaya a volver. Claro que seguiré yendo. Porque al final, por más que la experiencia se haya transformado en este híbrido raro entre mercadito ñoño y OnlyCon, uno no deja de amar este desmadre. Hay algo en el olor a ramen instantáneo, el calor insoportable de los trajes de cosplay, y ese momento en que suena algún opening noventero y todos lo cantan como himno de guerra… que simplemente no se encuentra en otro lugar.

Pero sí, ya no es lo mismo. No es nostalgia barata, es una realidad que se siente en el ambiente. Como cuando tu banda favorita sigue tocando pero ya sin el vocalista original. Va, cumple, entretiene, pero algo se fue y no ha vuelto.

Tal vez eso es crecer. Tal vez eso es ser otaku en los 40.
Tal vez… es hora de hacer nuestra propia convención… En un taller mecánico!

No es broma: allá por los 2000s, se organizó una «convención» en un taller mecánico en Guadalajara y, sinceramente, estuvo más chida que muchas de las que se hacen ahora. Tenía cero pretensiones, pura banda ñoña real, mercancía artesanal y olor a aceite quemado. Pero había alma, Había alma!

Y mira, hasta sería útil para las cosplayers de hoy: se pueden engrasar de paso y así sacan contenido más rápido para sus Only. ¿Quién necesita luces LED cuando tienes un elevador hidráulico, un cosplay de Morrigan y una buena toma a contraluz con humo de escape?

Nos vemos en la próxima TallerCon 2026. Lleva tu llave inglesa y tu sentido del humor.
Y si ves que alguien vende Funkos pirata, ya sabes qué hacer:
tíralo en la fosa de aceite usado.

Reviviendo a la vieja guerrera: Dell + Manjaro

Tenía años arrumbada en una esquina, con el teclado lleno de polvo y la batería más muerta que mis ganas de actualizar Windows. Mi vieja Dell —que alguna vez fue mi fiel compañera de trabajo, juegos livianos y alguna que otra instalación fallida de mods— llevaba mucho tiempo sin encenderse. Pero algo me dijo que aún no era su hora.

Así que le di una segunda oportunidad. ¿La receta? Formateo total, despedida definitiva a Windows, y una instalación fresca de Manjaro Linux, versión actualizada al día.

¿Por qué Manjaro? Porque es ligera, moderna y visualmente muy pulida. Y porque, siendo honesto, me gusta complicarme un poco la vida —pero no tanto como con Arch puro. Manjaro es ese punto medio entre poder, control y facilidad.

Además, en 2025 Windows 10 llega al final de su soporte, y esta pobre Dell ya no cumple con los requisitos para instalar Windows 11. Así que no se trataba solo de querer, sino de necesidad: o la tiraba, o la liberaba.

Esta vez fui por la edición con GNOME. Sí, sé que no es la más liviana, pero qué bien le sienta ese diseño limpio y fluido a una máquina con historia. Y contra todo pronóstico, corre sorprendentemente bien. La experiencia es moderna, elegante y sin lags, casi como si la Dell estuviera fingiendo que tiene mejores specs de las que en realidad tiene.

Y obviamente la foto con el NeoFetch instalado

¿Y el rendimiento? Brutal. Navegación fluida, terminal rápida, y hasta VS Code corre sin quejarse. No voy a editar videos 4K en ella, pero para escribir, programar, y revivir el espíritu de las máquinas olvidadas, es perfecta.

Ahora no solo tengo una laptop funcionando: tengo una aliada minimalista que me recuerda que muchas veces no necesitamos más potencia, solo menos bloat.

Dos guitarras, un maestro del sonido y un Mustang al máximo

La semana pasada me topé con un lutier (o sea, un maestro que arregla y mejora guitarras, no un hechicero medieval, aunque a veces parece lo mismo), y la verdad es que vale oro: EVG Guitar Tech. Si estás en GDL y quieres que tu guitarra quede impecable

Mi Epiphone empezó a meter ruido al amplificador, y como buen ñoño de la guitarra, me puse a investigar. Todo apuntaba a que necesitaba una jaula de Faraday (básicamente un escudo electromagnético para evitar interferencias). Nunca imaginé que podría encontrar ese servicio aquí en GDL, pero al parecer, vivimos en el futuro y no me había enterado.

El proceso

Aquí tenemos el antes. Ya había revisado mi guitarra antes y, para ser sincero, esta parte no me convencía. Sentía que el trabajo no estaba hecho con cuidado, como si lo hubieran hecho con prisas o con una navaja de sacapuntas en vez de herramientas de verdad.

A mitad del procedimiento, ya se estaba instalando la famosa jaula de Faraday (o blindado). Básicamente, se trata de forrar el interior de la guitarra con cobre para evitar interferencias y que la señal salga limpia, sin ruidos raros.

En este punto, la guitarra ya estaba abierta y parecía una cirugía mayor. Entre cables, soldaduras y el reflejo dorado del cobre, daba la impresión de que estábamos modificando un robot en lugar de una guitarra. Pero todo con precisión quirúrgica, nada de «a ver si pega».

Y aquí el resultado final: ahora el cableado está mucho más organizado, sin ese desmadre de cables cruzados como si alguien hubiera jugado al electricista a ciegas. Todo en su lugar, limpio, bien acomodado, y lo más importante: el blindado ya está en su máximo esplendor.

El interior de la guitarra pasó de parecer un experimento fallido a algo digno de un instrumento bien hecho. Y lo mejor: el ruido desapareció. Ahora sí, la señal sale impecable, sin interferencias molestas. Vale completamente la pena.

La guitarra de mi padre

Y ya que estábamos en el tema, decidí aprovechar y llevar a revisión la vieja guitarra de mi padre: una Squier Stratocaster.

Esta guitarra es algo especial para mí. No solo es un instrumento, sino una conexión con mi infancia y con mi padre, que solía tocarla hace años. Llevaba más de 8 años sin que nadie la usara, acumulando polvo y esperando que alguien le diera una segunda oportunidad.

Después de tanto tiempo guardada, era momento de ver si aún tenía vida o si solo servía de adorno vintage.

El lutier hizo su magia y, por unos honorarios acordes a su increíble talento (o sea, no fue barato, pero valió cada peso), dejó la electrónica impecable. Pero eso no fue todo: también pulió los trastes, dándole a la guitarra una nueva vida. Ahora no solo suena como debe, sino que también se siente como si hubiera salido de la fábrica ayer.

Motivado por todo esto, decidí comprar un Fender Mustang LT 25.

Con 25W de potencia, es perfecto para casa y ensayos pequeños. Lo mejor es su simulación de amplis clásicos, ofreciendo desde limpios cristalinos hasta distorsiones pesadas, todo en un formato compacto e intuitivo. Pequeño, versátil y poderoso. 🔥🎸

Si viviera en una zona tranquila, probablemente mis vecinos llamarían a la policía por el volumen… pero considerando que mis vecinos son delicados hombres de negocios con un enfoque alternativo a la legalidad, dudo mucho que quieran atraer la atención de las autoridades. Así que, por ahora, el único crimen aquí es lo mal que toco. 😎🎶

Les Paul vs. Stratocaster

Tener estas dos guitarras es como tener dos mundos completamente distintos, y eso es justo lo que me encanta.

La Epiphone Les Paul tiene un sonido grueso, cálido y con mucho sustain, perfecto para rock clásico, hard rock e incluso algo de blues. Sus pastillas humbucker eliminan el ruido y le dan ese tono gordo y potente que le sienta increíble a riffs pesados y solos cantados.

Por otro lado, la Squier Stratocaster es todo lo contrario: más brillante, con más ataque y ese clásico «twang» que se asocia con el blues, el funk y el rock más vintage. Gracias a sus pastillas single coil, el sonido es más nítido y articulado, ideal para limpios cristalinos o para darle ese tono Hendrixiano con un poco de overdrive. Y claro, con los ajustes correctos, también puede sacar ese sonido latino-blusero al estilo Carlos Santana, como le gustaba a mi padre.

Dos guitarras, dos mundos.

Un ejemplo de su sonido

Epiphone Les Paul: ya sin el ruido horrible

Y la Squier Stratocaster

LLMs en tu Mac (o cualquier otro sistema operativo) – Guía rápida

Aquí les va una mini guía para usar LLMs en su Mac… Sí, ya sé, ando mamándola bien duro con la Mac, pero ni modo 😎

Primero y principal es necesario bajarse la siguiente aplicación

https://ollama.com

En la sección de Downloads podrán descargar la aplicación para distintos sistemas operativos (Linux, Windows y Mac). Una vez instalada, podrán agregar diferentes modelos según sus necesidades.

En este blog, recomiendo modelos que funcionan bien con las modestas especificaciones de la Mac que uso, una M2 del año 2022 con 8 GB de RAM, usando la versión de macOS Sequoia 15.1.1

Para una experiencia verdaderamente trascendental mientras instalas todo este desmadre, recomiendo encarecidamente poner de fondo el álbum Trip to Japan de Euforia (ni idea de quiénes sean, pero YouTube Music me lo recomendó y se siente correcto).

Instala con estilo, amigo. 🌸🕶️

Trip to Japan

Abren su aplicación de Ollama y su terminal, recomiendo utilizar iTerm2 https://iterm2.com/ y correr en terminal los siguientes comandos

ollama pull llama3.2
ollama run llama3.2

Esto es para instalar Llama 3.2 (de Meta). No es la versión más reciente, pero funciona de maravilla con mi configuración actual.

Adjunto un ejemplo de cómo debería verse todo si la instalación fue exitosa.

También recomiendo configurar DeepSeek-R1:1.5B (sí, ese modelo del que todos están hablando). No es el más pesado, pero funciona excelente con la configuración de Mac que mencionamos.

ollama pull deepseek-r1:1.5b
ollama run deepseek-r1:1.5b

Si quieres experimentar, también puedes instalar Llama 3.2-Vision, un modelo con capacidad de procesamiento de imágenes.

Eso sí, en mi configuración va lento como una diapositiva de PowerPoint de los 90 y se come toda la RAM de la Mac, así que lo uso con moderación (o mejor dicho, casi nunca).

ollama pull llama3.2-vision
ollama run llama3.2-vision

Para este paso, recomiendo tener un acompañante porque adjuntar imágenes en la terminal… está bien cabrón.

Usa Chatbox AI para facilitarte la vida. Así, después de la instalación, no tendrás que hacer todo desde la línea de comando.

La configuración es supersencilla

Gracias a Chatbox AI, puedes adjuntar imágenes de forma sencilla y dejar que el modelo de visión las analice.

Hace su chamba sorprendentemente bien

Si tu compu tiene mucho más músculo que la mía, te recomiendo probar modelos más avanzados como Llama 3.3 o la versión completa de DeepSeek-R1.

ollama run llama3.3
ollama run deepseek-r1

Pero ojo: en mi configuración corren como el culo, así que aquí no los recomiendo.

Si no quieres usar Chatbox AI, entonces puedes ser un hombre fuerte y de acción 💪 y hacer la instalación como los dioses del código mandan: vía Docker.

Aquí te dejo un link de Platzi con más detalles sobre la instalación, más opciones de modelos y una explicación… bueno, medio de la verga, pero funcional:

🔗 Instalación de DeepSeek-R1 en local

Un agradecimiento especial a Eder Díaz, cuyos consejos nerds siempre logran que me desvele en la computadora probando todo lo que me manda.

Si quieren verlo pasarse de nerd, aquí está su perfil en X (Twitter para los que no nos rendimos):

👉 x.com/EderChrono

Y si quieren verlo hablarle al vacío infinito, también tiene su perfil en BlueSky:

👉 bsky.app/profile/ederdiaz.dev

Porque sí, todos dijimos que nos iríamos a BlueSky, igual que cuando todos juraron dejar WhatsApp por Telegram… y al final, ahí siguen en el grupo de la familia viendo piolines de “Feliz Jueves”

Si seguiste esta guía, felicidades: ya tienes modelos LLM corriendo en tu Mac (o en cualquier otro sistema operativo, porque la diversidad es importante).

Ahora puedes jugar con Llama 3.2, DeepSeek-R1 y hasta modelos con visión, siempre y cuando tu compu no se derrita en el intento. Si tienes una máquina potente, prueba Llama 3.3 o la versión completa de DeepSeek.

Si te sirvió esta guía, No dejes un comentario… es que no los tengo habilitados, Y si no te sirvió, tampoco puedes quejarte, pero recuerda que el soporte técnico aquí es puro amor y paciencia (o sea, nada de eso).

Ahora ve y haz cosas increíbles con tu LLM.

…Si te preguntabas cuanto le pesaban las chichis a la mona china… aquí la salida que entregó la IA

Calcular el peso de los senos de un personaje de anime es complicado porque el arte exagera las proporciones y no sigue reglas anatómicas realistas. Sin embargo, si tomamos un enfoque aproximado basado en medidas humanas, podemos hacer una estimación divertida.

Estimación basada en volumen y densidad

  1. Volumen estimado: Un seno grande en la vida real puede tener entre 1 y 2 litros de volumen. En este caso, por la exageración del dibujo, podríamos asumir 3-4 litros por seno.
  2. Densidad del tejido mamario: Aproximadamente 0.9 g/cm³, similar a la grasa corporal.
  3. Cálculo de peso:
    • Volumen de ambos senos juntos: ~6-8 litros.
    • Peso total: 6-8 kg (asumiendo que cada litro equivale a ~1 kg).

Conclusión

Según esta estimación, los senos de este personaje pesarían entre 6 y 8 kg en total, lo que sería extremadamente pesado en la vida real. Pero dado que es un dibujo de anime, todo es parte del estilo artístico exagerado.