Tres guitarras, cero disciplina y una PRS que no me merezco

La saga continúa

Primero cayó la Squier Stratocaster, herencia de mi padre, quien me enseñó los primeros acordes hace años antes de fallecer. Esa guitarra no es solo madera y cuerdas, es un recuerdo vivo, un puente entre lo que soy y de dónde vengo.

Después llegó la Epiphone Les Paul Worn Cherry, con ese aire de querer ser elegante pero a la vez tener la misma vibra que un bar de mala muerte con rock en vivo los jueves.

Y justo cuando pensé que ya estaba completo el arsenal, la realidad (y la fecha de corte de mi tarjeta de crédito) me empujaron a lo inevitable: una PRS SE CE 24 Standard Charcoal.


¿Por qué PRS?

La primera vez que escuché de PRS fue por Carlos Santana. No porque lo escuchara religiosamente, sino porque ahí estaba: él, con su sombrero y esa guitarra que parecía brillar más que las luces del escenario. Ahí quedó sembrada la curiosidad.

Pero la verdadera conversión llegó años después, en un concierto de Band-Maid. Cuando vi a Kanami con su PRS, entendí que esas guitarras no eran solo un capricho de virtuosos de los 70, sino armas modernas, elegantes, que podían ser dulces y brutales en la misma canción. Ahí me enamoré, y desde entonces supe que tarde o temprano me iba a tocar.


El bicho nuevo en la cueva

Esta guitarra no llegó a mi vida con la típica fanfarria de “por fin tengo mi PRS”. No. Llegó como una voz interna diciendo: “Ya, deja de sonar a ensayo de secundaria y compra algo que no huela a beginners pack”.

  • Cuerpo de caoba: retumba más que el tacón de la vecina de arriba cuando baila zumba.
  • Mástil de maple con perfil Wide Thin: rápido, cómodo, listo para fingir que sé tocar solos.
  • 24 trastes con pajaritos incrustados: básicamente una bandada mirándome cada vez que me equivoco.
  • Electrónica: dos humbuckers 85/15 «S» que, con coil split, se vuelven single-coil. Perfecto para pasar de balada indie depresiva a querer sonar como Metallica (fallando en ambos intentos).

El arsenal de amplis

  • Fender Mustang LT25: el tanque principal. Sirve para molestar a los vecinos “piteros” que ya de por sí se quejan de todo. Con este, hasta mis power chords suenan como amenaza pasivo-agresiva.
  • Fender Mustang Micro Pro: el plan B. Pequeñito, práctico, como terapia de contención para no terminar en la lista negra del condominio.
  • Fender 10G: la opción cuando quiero sonar bajito… aunque sabemos que bajito es relativo, y aún así alguien toca la pared como si fuera un bongó improvisado.

Lo que se siente tocarla

La PRS no solo suena bien: te obliga a sonar bien. Cada nota sale con más definición de la que me gustaría, porque revela todos mis errores sin piedad. Es como un espejo caro: bonito, pero no te perdona la panza ni la cara de desvelo.

Con humbuckers: sonido gordo, redondo, perfecto para riffs que pretenden sonar “pro”.
Con coil split: más brillante, como si quisiera imitar a mi vieja Strat pero con mejor dicción.

Lo peor: ahora cada vez que agarro la Epiphone o la Squier, me miran desde el rincón como perros rescatados ignorados.


La reflexión amarga

¿Necesitaba una tercera guitarra? Claro que no.
¿Estoy feliz de tenerla? Obviamente.
¿Seguiré tocando los mismos tres acordes de siempre, pero ahora con más estilo? Sin duda.

La PRS SE CE 24 Standard Charcoal no es solo una guitarra: es la prueba de que el GAS (Gear Acquisition Syndrome) es real, incurable, y probablemente más caro que el psicólogo que no pago.


Nota final

De Santana a Kanami, pasando por la Stratocaster de mi padre, parece que este camino no fue casualidad. Más que una compra impulsiva, suena a un recorrido espiritual disfrazado de acumulación de guitarras. Aunque claro, siempre es más fácil explicarlo así que aceptar que solo soy otro adicto a comprar equipo.

Mi playlist de waifus

Publicado desde una tarde nublada con audífonos viejos y mente ligeramente rota.

Hay días en que simplemente no se puede.
Te despiertas y sabes que el mundo no te odia, pero tampoco te echa muchas ganas.

El valium no hace efecto, tu compu se congela justo antes de guardar, y la gente en la calle camina como si estuviera programada para estorbarte.
Y ahí estás tú, sobreviviendo con la dignidad de un NPC que perdió su línea de diálogo.

Pero en esos días grises, donde el alma parece pixelada… hay algo que siempre ayuda: waifu music.


Es esa mezcla perfecta entre nostalgia, monas chinas y un vacío emocional que solo se llena con un ending de anime donde todos caminan en silencio bajo la lluvia.
Es música que suena como si alguien te acariciara el alma con guantes de seda y luego te dijera “tranqui, ya pasó”.

Son esas canciones que no te exigen sonreír ni salir adelante.
Solo te acompañan.


El tracklist de la estabilidad emocional

No están en orden emocional, pero sí en orden de “esto me ha salvado del colapso más de una vez”:


1. «Arashi no Naka de Kagayaite» – Yoko Takahashi (Gundam: The 08th MS Team)
Una canción que suena a esperanza en medio del desastre.
Es como si alguien te tomara de la mano en un campo de batalla emocional y te dijera: “Sí, todo está hecho mierda… pero brillaste en medio de la tormenta.”
Ideal para días donde estás cansado pero aún así te levantas, aunque sea solo para oír esta joya con un café mal hecho.


2. «Komm, süsser Tod» – Evangelion: EoE
Cuando necesitas sentir que todo está bien… mientras el mundo colapsa.
Es el equivalente musical a continuar en lo tuyo con un incendio detrás.
Una joya para poner mientras aceptas que todos estamos un poco mal… pero con estilo.


3. «Aimer – Kataomoi»
Hay historias que pudieron ser.
Perfecta para esas conexiones que nunca se nombraron, pero se sintieron.
Para esos silencios largos y playlists enviadas sin motivo aparente.
A veces, la vida acomoda todo para que dos personas se encuentren… pero no necesariamente para que se queden.
Y está bien.
Hay canciones que no necesitan explicación, solo alguien que las escuche sabiendo exactamente por qué duelen bonito.


4. «Fly Me to the Moon» – Evangelion Ending
Úsala como ambientación si vas caminando solo por la calle y quieres sentir que estás en un final alternativo sin presupuesto.


5. «Sayonakidori» – BAND-MAID
Hay canciones que parecen despedidas aunque no digas adiós.
Este tema mezcla fuerza con una melancolía disfrazada de actitud.
Ponla cuando necesites sentir que todo arde, pero tú no te vas a apagar.


6. «Will» (Opening de Soul Hunter )
Una entrada poderosa a un anime infravalorado que hablaba de espíritus, caos y tipos con poderes absurdos…
Ideal para cuando necesitas un empujón emocional sin que te griten en alemán (cof Komm, süsser Tod).
Tiene ese tono de “aún tengo cosas que hacer, aunque me sienta hecho mierda” que todos necesitamos para empezar el lunes… o sobrevivir el martes.

💿 Bonus track:
«Guitar-holic» – Rei
Ideal para cuando la tristeza no te aplasta, pero tampoco te suelta.
Una guitarra que grita en tu lugar, mientras caminas como si todo tuviera sentido… aunque no lo tenga.
Sirve tanto para pensar en tu ex como para ponerla de fondo mientras cocinas sin rumbo.


¿Por qué esta música me hace bien?

Porque no me pide nada.
No me exige productividad.
No me grita “¡tú puedes, campeón!” como esos coaches de vida con fondo de atardecer y tipografía en cursiva.

Esta música solo me acompaña.
Como deberían hacerlo las personas, pero en versión MP3 (o YouTube Music) y sin interrumpirte mientras comes.

Es el tipo de soundtrack que entiende lo que cuesta levantarse,
lo que cuesta quedarse,
y lo difícil que es simplemente estar bien.


¿Dónde la escucho?

Aunque antes era del club MP3-nombres_mal_escritos.mp3,
ahora escucho todo en YouTube Music.
Organizada en listas con nombres vergonzosos como:

🧼 Lavar trastes llorando
🛐 Waifus que me abrazan con voz de terciopelo

1.- https://music.youtube.com/watch?v=URvaDE1PklU&si=uFjHMso349xRamzN

2.- https://music.youtube.com/watch?v=87ofklYDTNQ&si=Lq-D3Wo77kwZs4zZ

3.- https://music.youtube.com/watch?v=NFHPLE4Tl0I&si=v_5XHUqbVIK_L9hQ

4.- https://music.youtube.com/watch?v=wNhuXQyyBr8&si=WvY4RvffOLkTYbMB

5.-https://music.youtube.com/watch?v=6mVaehjAo2k&si=5sr_OyQkYmDboPFc acústica https://music.youtube.com/watch?v=sGzAQigaL14&si=ZHyoXKrzfziBuIxK

6.- https://music.youtube.com/watch?v=gPOIFA1eHHg&si=NtlK5_qss4tZtv_e

Bonus track https://music.youtube.com/watch?v=C1qE4X07nKE&si=k06uY_y8CQv4aiNd (es mejor ver el video)

La vida puede ser un desastre, pero es mejor con un opening pegajoso.


El muro, mis vacaciones y un maratón de Doom

Publicado desde el último checkpoint antes de que el techo emocional colapse.


Para inaugurar formalmente la sección «Mis Vecinos Piteros» —una bitácora involuntaria de sobrevivencia urbana—
empezamos con una joya estructural y social digna de análisis en ForoTV:

  • Mis tíos, cuyo currículum empieza a los 45 y cuya vocación principal es vender droga en lo oscurito (sí, eso que suena a chiste ya les trajo problemas con el narc… ya saben … y no, no es broma).

  • Un vecino ultra religioso que nos persigna a mí, a mi pareja y a mi mejor amigo cada que pasamos por su banqueta, mientras canta alabanzas a todo pulmón a las 6 a.m. como si viviera en un musical apocalíptico (esto tampoco es broma…).

  • Otro vecino que tiene un árbol enorme frente a su casa, cuyas raíces están destruyendo la banqueta a propósito, para que nadie ose caminar por “su” acera. Táctica nivel villano de Shin Megami Tensei.

  • Un tipo que sufre esquizofrenia —y lo digo sin burla, con respeto—, pero cuando entra en modo berserker, le ha reventado los coches a varios vecinos y ya empezó a desmadrar su propia casa.

  • Los legendarios okupas de la esquina del baldío, que hace 30 años se metieron en un terreno que no pagaron, y todavía hoy no logran levantar más que una casa estilo Mad Max en ruinas… con Wi-Fi robado, y su antena de Sky (TV por cable) por supuesto.

  • Y, por supuesto, los vecinos de la esquina, que manejan una pensión de autos sin poder pagar un puto muro decente (de quienes vamos a hablar ahora mismo).

Y ahí está:
una esquina que ha sido una ruleta rusa estructural desde hace años.

Un muro, visiblemente a punto de rendirse ante la gravedad y la corrupción estructural, llevaba más de 30 años en su modo:
«me voy a caer, pero no hoy… tal vez mañana».

Aquí una imagen de Google Maps en donde podremos ver el muro

Y ahí pasaba de todo:
Gente, niños, viejecitas, perros.
Cada quien girando su ruleta de la suerte con cada paso.

¿Y los dueños del muro?
Con una calma que solo puede tener quien ya entregó su alma al INFONAVIT hace décadas.
Ni señal de vida.


🎥 Spoiler: se cayó

Por fortuna (o por paranoia preventiva), tengo una cámara de vigilancia apuntando a la calle.
No por el muro, no.
Por unos tíos que son tan fracasados que un día podrían intentar entrar a mi casa para robar cable y seguido veo que se quieren chingar el wifi.

Y con esa cámara, grabé el momento exacto en que parte del muro dijo: “yo hasta aquí llego”.

Literalmente se derrumbó solo. Sin viento, sin sismo.
Solo cansancio y años de ser ignorado.


🕹️ ¿Qué estaba haciendo yo?

Jugando un maratón de Doom.

Y no cualquier maratón.

  • Doom
  • Doom II
  • Doom 3
  • Doom 2016
  • Doom Eternal
  • Y sí, también Doom: The Dark Ages (bendito sea Game Pass)

Todo en vacaciones, todo sin hablar con humanos… y sí, Jugando Doom, adjunto un video de mí sufriendo este increíble juego de Doom 2 https://x.com/Zerohack16/status/1937323814679191872
…. ah si como lo mencioné hace 3 meses que el muro cayó…. también les pongo un video de eso…. creo que era más importante que el video mío jugando el maraton XD


🧱 ¿Y los vecinos qué hicieron?

Aquí viene la parte absurda y hermosamente mexicana:

En lugar de reconocer que su muro estaba intentando suicidarse desde hace 30 años,
lo que hicieron fue… levantar el pedazo que se cayó,
y sostener el resto del muro con UN PALO.

Un. Puto. Palo.

De madera.

¿Refuerzo estructural aprobado por la SEP?
No.
¿Recurso de Minecraft IRL?
Sí.

La cosa es que comenzaron las lluvias y ahora tenías de 2 sopas, o pasar entre los increíblemente eficientes cimientos (hablo de del puto palo que pusieron desde hace 3 meses) o mojarte los pies (y experimentar esa sensación horrorosa de caminar con calcetín mojado) y arriesgarte a que te pegue un carro caminado por debajo de la acera, entonces, entre demonios, escopetas y BFGs,
escribí por Facebook Messenger a Protección Civil.

Sí, literal:
Me salí de matar ciberdiablos por cinco minutos para reportar una violación estructural urbana.


🚒 Final boss: Protección Civil

Después del reporte, llegó un bombero.
No sé si él tenía experiencia en arquitectura o solo venía harto de la vida,
pero lo vio y dijo:
“Esto es una multa.”

Y así fue.

Hoy mismo, milagrosamente,
están construyendo un nuevo muro.

Tres meses de espera.
Treinta años de deterioro.
Un solo día con Protección Civil y una cámara que no miente.


🇲🇽 Viva México, pero con casco

Este país no se cae por corrupción.
Se cae porque lo están deteniendo con un palo.

Y cuando la estructura colapsa,
no por falta de advertencias,
sino porque alguien creyó que lo podía sostener “nomás tantito más”.

Así que gracias, cámara.
Gracias, Doom.
Y gracias, tíos fracasados, por darme la paranoia suficiente para prevenir una tragedia.


🎬 Próximamente: el video del colapso estructural y un tutorial de cómo reportar emergencias sin dejar tu partida guardada.

Aquí una imagen de que ahora si se está trabajando en los muros

Tecnología para gente que odia a la gente

O cómo la modernidad me permite evitar el contacto humano sin sentir (tanta) culpa

¿Recuerdas cuando la tecnología prometía conectarnos con el mundo?
Bueno, yo solo quería que me ayudara a no hablar con nadie.

Gracias a la magia de los avances modernos, ahora puedo:

  • Ignorar llamadas sin sonar grosero (“lo vi tarde, lo juro, estaba en modo no molestar desde el 2019”).
  • Poner “reunión” en el calendario solo para quedarme viendo memes sin ser molestado.
  • Decirle a WhatsApp que me lea los mensajes por voz, para no tener que hacer el mínimo esfuerzo emocional.
  • Hacer la compra del súper, pagar servicios, hablar con el SAT, y cancelar citas médicas… todo sin ver una sola cara humana.

La tecnología no nos alejó.
Nos salvó del small talk.
Nos dio la libertad de estar solos… y encima, con Wi-Fi.

¿Es saludable? Probablemente no.
¿Me importa? No mientras Alexa no empiece a juzgarme.

Próximamente: cómo tener relaciones funcionales sin tener que oír a nadie masticar.


No me llames, mándame un meme

¿Recuerdas cuando la gente te llamaba sin avisar y tú tenías que contestar?
Tiempos oscuros.
Ahora tenemos mensajes, notificaciones silenciosas y la excusa perfecta:
“estaba en modo No Molestar”
(Spoiler: siempre está activado. Es mi modo de vida.)

Hay gente que aún prefiere hablar por teléfono.
Gente peligrosa.
Gente que debería estar en listas de vigilancia.


Calendario: mi mejor barrera social

Hoy en día puedes poner una reunión en tu calendario solo para no tener que ver a nadie.
Reunión contigo mismo. En silencio. Con JPOP y una cara de “estoy ocupado, no molestes”.

Yo tengo bloqueadas dos horas al día que se llaman literalmente:
“Evitar interacción humana”

Y funciona. Porque si algo respeta la gente más que tu tiempo…
es la posibilidad de que estés en una videollamada con alguien más importante que ellos.


Hacer el súper sin hablarle a nadie: nivel dios

Comprar todo desde una app.
Que me lo dejen en la puerta.
Y que el repartidor no toque el timbre.

Esa es mi religión.
Yo no quiero saber si hay promoción de aguacate.
Quiero que los objetos aparezcan como por arte de magia, sin mediar palabras, miradas ni sonrisas falsas.

El ser humano fue diseñado para cazar mamuts.
No para escuchar: “¿Va a querer redondear su compra?”


Tecnología que me protege del mundo (y de mí mismo)

  • Gmail que me sugiere respuestas para no tener que pensar.
  • WhatsApp que me lee los mensajes en voz alta para que no tenga que procesar emociones.
  • Bots de soporte que me tratan como si fuera importante.
  • Relojes que miden mi estrés mientras yo lo ignoro profesionalmente.

La tecnología me da herramientas para sobrevivir en un mundo lleno de gente…
…sin tener que convivir con ella.


¿Y la soledad?

Claro que a veces se siente el vacío.
Pero también se siente cuando alguien te cuenta cómo estuvo su día durante 37 minutos sin respirar.

Y si tengo que elegir entre estar solo o escuchar otra historia sobre lo que soñaste…
prefiero abrazar a mi robot aspiradora.


Antisocial, pero eficiente

La tecnología no nos deshumanizó.
Nos hizo más eficientes en nuestra misantropía.

No estoy diciendo que odiar a la gente sea sano.
Solo que, con las herramientas adecuadas, se vuelve mucho más cómodo.

Así que si alguna vez te sientes mal por dejar en visto, ignorar llamadas o fingir que estás en reunión…
Recuerda: la tecnología está de tu lado.

Y yo también.

Pero desde lejos.
Con audífonos puestos.
Y notificaciones en silencio.

Lo que Evangelion me enseñó sobre ansiedad.

Publicado desde la jaula de Faraday emocional que me dejó Asuka.


¿Sabes qué es Evangelion?
Sí, claro que sabes.
Pero si no, te resumo:

Una serie donde adolescentes con problemas más grandes que la inflación mexicana pilotan robots gigantes biológicos para matar ángeles mientras lidian con el abandono parental, el colapso del ego, y la insoportable idea de estar solos… o peor: con otros.

Es como si Freud hubiera diseñado Mazinger Z después de un mal viaje con ácido.

Y yo, como buen adolescente con traumas suaves al dente, la vi y pensé:

“Ah, Asuka es la mejor y grita mucho. Creo que estoy enamorado.”


😬 Evangelion no es una serie. Es una herida emocional con opening catchy

A los 13 la ves y dices:

“Wow, mechas, violencia, monas chinas, fly me to the moon como ending.”

A los 25 la vuelves a ver y te das cuenta que:

  • Shinji no se sube al EVA porque tiene crisis existencial e insuficiencia afectiva grave.
  • Misato te recuerda a tu ex que te decía “te amo” pero también te dejaba en visto por dos días.
  • Rei existe como un placeholder emocional.
  • Y Asuka… ah, Asuka.

🔥 Asuka Langley: mi bandera roja favorita

¿Alguna vez has amado a alguien que claramente necesita terapia más que amor?
Asuka Langley Soryu.

Ella grita, es violenta, tiene autoestima rota camuflada con arrogancia, y le dan más ataques de ansiedad que a un gato en año nuevo.
Y yo:

“Es perfecta.” 🧡

“Pero, Juan, eso no está bien. Es una menor de edad animada con traumas severos.”
—Sí, pero yo también tenía 13 y traumas severos.

Y aquí estamos, 20+ años después, con una cantidad de figuras de Asuka,
un tatuaje de Asuka en el brazo,
y una novia que (a veces) me hace cosplay de Asuka para hacerme feliz.


¿Por qué me gusta tanto Asuka?

Porque representa el ideal de:

“Si la salvo, me va a amar.”
(spoiler: no lo hace, y tú tampoco puedes salvar a nadie, campeón).

Porque detrás de su furia, hay un niño roto.

Porque gritaba fuerte, pero lo que quería era que alguien la viera realmente.

Y a veces era la única en la que podías confiar, o la única que se levantaba a resolver los problemas.


¿Por qué Evangelion pega tan fuerte?

Porque te muestra lo que eres con el espejo sucio.
No idealiza el dolor. No lo embellece.

Te dice:

«Esto es depresión. Esto es aislamiento. Esto es querer contacto humano pero tenerle miedo.»

Shinji no quiere subirse al EVA porque sabe que si lo hace, su papá solo lo va a usar.
Misato bebe para no sentirse sola.
Rei es un poema de nihilismo existencial con peinado de pez globo.
Asuka grita para no llorar.
Y yo hago posts como este para no ir a terapia porque el valium ya no es suficiente.


🪞Lo de escoger mujeres traumadas, ¿ya lo hablaste con alguien?

No.
Y no quiero.
Pero reconozco el patrón:

  • Me gusta quien no me puede querer bien.
  • Me atrae el caos emocional.
  • Prefiero una relación con retos reales antes que un cuento de hadas sin chispas.

No es una red flag.
Es la puta bandera de Japón en modo Evangelion:
rojo, minimalista y completamente llena de culpa.


👩‍🎤 Y sí, terminé con una mujer que grita

Mi novia actual:

  • Que grita.
  • Se enoja si dejo el baño mojado.
  • Me ama profundamente.

No es una genio brillante ni la capitana de NERV.
No necesita serlo.
Es valiente, me acompaña, me ha aguantado 23 años, y eso ya es nivel Dios.


Lo que Evangelion me enseñó

  • Que no puedes pilotar tu vida con tu trauma como copiloto.
  • Que el amor no siempre es suave, pero puede ser verdadero.
  • Que idolatrar personajes rotos no es raro… si tú también lo estás un poco.
  • Que si tienes una novia que te quiere tanto como para hacer cosplay de tu waifu tatuada, ya ganaste en la vida.

Evangelion: el anime que no sabías que era un espejo roto

Evangelion es el único anime donde ver a un adolescente llorar por 3 episodios seguidos te hace sentir comprendido.

Shinji no se sube al EVA porque no sabe si merece el cariño de nadie.
Misato dirige la base como si fuera la tía alcohólica que aún no supera a su ex.
Rei… bueno, Rei está ahí para que reflexiones sobre la nada.
Y Asuka solo quiere que alguien le diga que lo está haciendo bien.

Y ahí estaba yo, a los 13, viéndolos a todos y diciendo:

“Ah, mira. Gente como yo.”


Final: Instrumentalízame esta

Evangelion no me dio respuestas.
Me dio el idioma para hacer las preguntas.

Y me dio una excusa para amar a alguien con todo y sus gritos,
con todo y sus regaños,
y con todo y ese disfraz rojo que saca sonrisa hasta en los días grises.

Y Asuka…
Sigue siendo mi favorita.
No porque sea perfecta, sino porque me recuerda que todos cargamos con algo que no mostramos.

Y honestamente…
eso me basta.

La evolución de las convenciones de anime

(o cómo pasamos de comprar pósters de Evangelion a que nos ofrezcan ser ahorcados con muslos por 100 pesos)

Ya con 40 años bien cumplidos (sí, el otaku también envejece), me lancé a la convención de Vive la Conco… ¿Quién sabe por qué ya no se llama ConComics? Algo legal habrá pasado, como siempre. El punto es que, como cada año, caigo a unas dos convenciones aquí en Guadalajara, y casi siempre son estas —las de ConComics o ahora Vive la Conco o como se llamen esta temporada—. Llevo como 25 años yendo a estos eventos, y sí, todo ha cambiado un montón.

Primero lo obvio: la raza ya no es la misma. Hay nuevas generaciones, nuevas prioridades… y lo que antes era el clímax del evento —el concurso de cosplay— ahora es casi un sidequest. Lo que de verdad mueve la convención hoy son dos cosas:

  1. Los puestos de arte (mayoría fujoshis, sí, se tenía que decir), con prints que parecen salidos de un fanfic con exceso de esteroides.
  2. Los cosplayers profesionales… que ya no solo posan para fotos, ahora también tienen su QR bien visible para su OnlyFans o Ko-fi. O te ofrecen, por módicos 100 pesos, que te ahorquen con sus muslos en plena convención. Un gran momento para estar vivo, sí, pero también un gran momento para hacerse el que no vio nada y seguir caminando con dignidad 😅…. que por cierto la oferta de es la cosplayer roxii_cosplay en el link sus redes por si están interesados (mención no pagada) .

Y no lo digo como boomer amargado (bueno, tal vez un poco), pero estas cosas cambian la vibra. Antes era más ñoño e inocente; ahora es medio feria kinky con Pikachu en el fondo. No está mal, solo… distinto. Como si Evangelion ahora fuera dirigido por Quentin Tarantino.

Y si bien hay cosas que se agradecen —como los expositores que se avientan la chamba de hacer lámparas, cuadros o figuras con tus personajes favoritos—, hay que decirlo: está todo muy pitero. O sea, se valora el esfuerzo, pero parece que la mitad de los puestos salieron directo de un bazar de Facebook. Todo brilla, todo es LED, y todo cuesta como si lo hubiera bendecido Miyazaki en persona.

Y ya ni hablemos de los precios. La inflación otaku está alv. Ves un peluche de Gengar y te lo quieren dejar ir en 800 pesos… cuando sabes perfectamente que viene de algún oscuro rincón de AliExpress y que tardó más el envío que lo que costó fabricarlo. Literal, hay cosas que se ven más originales en la caja de cereal.

Además, ya no hay esa sensación de “wow, esta figura jamás la había visto” o “esto solo lo encuentro aquí”. Ahora puedes conseguir todo —y mejor— desde tu sillón con una tarjeta de débito y conexión WiFi. Las convenciones ya no son ese lugar místico donde te topabas mercancía de culto, de esas series que marcaban época (llámese Cowboy Bebop, Evangelion, Rurouni Kenshin, etc). Hoy todo es Jujutsu Kaisen, Kimetsu no Yaiba y un mar de Funkos que parecen clonados en masa por un algoritmo sin alma.

Y sí, entiendo que el mercado cambia, que los morros consumen otras cosas, pero se siente más como una expo de TikTok que como un templo otaku. Igual y ya es la edad, o igual y siempre fue así y uno lo veía con los ojos de la emoción adolescente… pero no sé, hay algo que se perdió entre tanta luz neón y tanto fanservice con envoltura de negocio.

Y ojo, no es que no vaya a volver. Claro que seguiré yendo. Porque al final, por más que la experiencia se haya transformado en este híbrido raro entre mercadito ñoño y OnlyCon, uno no deja de amar este desmadre. Hay algo en el olor a ramen instantáneo, el calor insoportable de los trajes de cosplay, y ese momento en que suena algún opening noventero y todos lo cantan como himno de guerra… que simplemente no se encuentra en otro lugar.

Pero sí, ya no es lo mismo. No es nostalgia barata, es una realidad que se siente en el ambiente. Como cuando tu banda favorita sigue tocando pero ya sin el vocalista original. Va, cumple, entretiene, pero algo se fue y no ha vuelto.

Tal vez eso es crecer. Tal vez eso es ser otaku en los 40.
Tal vez… es hora de hacer nuestra propia convención… En un taller mecánico!

No es broma: allá por los 2000s, se organizó una «convención» en un taller mecánico en Guadalajara y, sinceramente, estuvo más chida que muchas de las que se hacen ahora. Tenía cero pretensiones, pura banda ñoña real, mercancía artesanal y olor a aceite quemado. Pero había alma, Había alma!

Y mira, hasta sería útil para las cosplayers de hoy: se pueden engrasar de paso y así sacan contenido más rápido para sus Only. ¿Quién necesita luces LED cuando tienes un elevador hidráulico, un cosplay de Morrigan y una buena toma a contraluz con humo de escape?

Nos vemos en la próxima TallerCon 2026. Lleva tu llave inglesa y tu sentido del humor.
Y si ves que alguien vende Funkos pirata, ya sabes qué hacer:
tíralo en la fosa de aceite usado.

Reviviendo a la vieja guerrera: Dell + Manjaro

Tenía años arrumbada en una esquina, con el teclado lleno de polvo y la batería más muerta que mis ganas de actualizar Windows. Mi vieja Dell —que alguna vez fue mi fiel compañera de trabajo, juegos livianos y alguna que otra instalación fallida de mods— llevaba mucho tiempo sin encenderse. Pero algo me dijo que aún no era su hora.

Así que le di una segunda oportunidad. ¿La receta? Formateo total, despedida definitiva a Windows, y una instalación fresca de Manjaro Linux, versión actualizada al día.

¿Por qué Manjaro? Porque es ligera, moderna y visualmente muy pulida. Y porque, siendo honesto, me gusta complicarme un poco la vida —pero no tanto como con Arch puro. Manjaro es ese punto medio entre poder, control y facilidad.

Además, en 2025 Windows 10 llega al final de su soporte, y esta pobre Dell ya no cumple con los requisitos para instalar Windows 11. Así que no se trataba solo de querer, sino de necesidad: o la tiraba, o la liberaba.

Esta vez fui por la edición con GNOME. Sí, sé que no es la más liviana, pero qué bien le sienta ese diseño limpio y fluido a una máquina con historia. Y contra todo pronóstico, corre sorprendentemente bien. La experiencia es moderna, elegante y sin lags, casi como si la Dell estuviera fingiendo que tiene mejores specs de las que en realidad tiene.

Y obviamente la foto con el NeoFetch instalado

¿Y el rendimiento? Brutal. Navegación fluida, terminal rápida, y hasta VS Code corre sin quejarse. No voy a editar videos 4K en ella, pero para escribir, programar, y revivir el espíritu de las máquinas olvidadas, es perfecta.

Ahora no solo tengo una laptop funcionando: tengo una aliada minimalista que me recuerda que muchas veces no necesitamos más potencia, solo menos bloat.

Dos guitarras, un maestro del sonido y un Mustang al máximo

La semana pasada me topé con un lutier (o sea, un maestro que arregla y mejora guitarras, no un hechicero medieval, aunque a veces parece lo mismo), y la verdad es que vale oro: EVG Guitar Tech. Si estás en GDL y quieres que tu guitarra quede impecable

Mi Epiphone empezó a meter ruido al amplificador, y como buen ñoño de la guitarra, me puse a investigar. Todo apuntaba a que necesitaba una jaula de Faraday (básicamente un escudo electromagnético para evitar interferencias). Nunca imaginé que podría encontrar ese servicio aquí en GDL, pero al parecer, vivimos en el futuro y no me había enterado.

El proceso

Aquí tenemos el antes. Ya había revisado mi guitarra antes y, para ser sincero, esta parte no me convencía. Sentía que el trabajo no estaba hecho con cuidado, como si lo hubieran hecho con prisas o con una navaja de sacapuntas en vez de herramientas de verdad.

A mitad del procedimiento, ya se estaba instalando la famosa jaula de Faraday (o blindado). Básicamente, se trata de forrar el interior de la guitarra con cobre para evitar interferencias y que la señal salga limpia, sin ruidos raros.

En este punto, la guitarra ya estaba abierta y parecía una cirugía mayor. Entre cables, soldaduras y el reflejo dorado del cobre, daba la impresión de que estábamos modificando un robot en lugar de una guitarra. Pero todo con precisión quirúrgica, nada de «a ver si pega».

Y aquí el resultado final: ahora el cableado está mucho más organizado, sin ese desmadre de cables cruzados como si alguien hubiera jugado al electricista a ciegas. Todo en su lugar, limpio, bien acomodado, y lo más importante: el blindado ya está en su máximo esplendor.

El interior de la guitarra pasó de parecer un experimento fallido a algo digno de un instrumento bien hecho. Y lo mejor: el ruido desapareció. Ahora sí, la señal sale impecable, sin interferencias molestas. Vale completamente la pena.

La guitarra de mi padre

Y ya que estábamos en el tema, decidí aprovechar y llevar a revisión la vieja guitarra de mi padre: una Squier Stratocaster.

Esta guitarra es algo especial para mí. No solo es un instrumento, sino una conexión con mi infancia y con mi padre, que solía tocarla hace años. Llevaba más de 8 años sin que nadie la usara, acumulando polvo y esperando que alguien le diera una segunda oportunidad.

Después de tanto tiempo guardada, era momento de ver si aún tenía vida o si solo servía de adorno vintage.

El lutier hizo su magia y, por unos honorarios acordes a su increíble talento (o sea, no fue barato, pero valió cada peso), dejó la electrónica impecable. Pero eso no fue todo: también pulió los trastes, dándole a la guitarra una nueva vida. Ahora no solo suena como debe, sino que también se siente como si hubiera salido de la fábrica ayer.

Motivado por todo esto, decidí comprar un Fender Mustang LT 25.

Con 25W de potencia, es perfecto para casa y ensayos pequeños. Lo mejor es su simulación de amplis clásicos, ofreciendo desde limpios cristalinos hasta distorsiones pesadas, todo en un formato compacto e intuitivo. Pequeño, versátil y poderoso. 🔥🎸

Si viviera en una zona tranquila, probablemente mis vecinos llamarían a la policía por el volumen… pero considerando que mis vecinos son delicados hombres de negocios con un enfoque alternativo a la legalidad, dudo mucho que quieran atraer la atención de las autoridades. Así que, por ahora, el único crimen aquí es lo mal que toco. 😎🎶

Les Paul vs. Stratocaster

Tener estas dos guitarras es como tener dos mundos completamente distintos, y eso es justo lo que me encanta.

La Epiphone Les Paul tiene un sonido grueso, cálido y con mucho sustain, perfecto para rock clásico, hard rock e incluso algo de blues. Sus pastillas humbucker eliminan el ruido y le dan ese tono gordo y potente que le sienta increíble a riffs pesados y solos cantados.

Por otro lado, la Squier Stratocaster es todo lo contrario: más brillante, con más ataque y ese clásico «twang» que se asocia con el blues, el funk y el rock más vintage. Gracias a sus pastillas single coil, el sonido es más nítido y articulado, ideal para limpios cristalinos o para darle ese tono Hendrixiano con un poco de overdrive. Y claro, con los ajustes correctos, también puede sacar ese sonido latino-blusero al estilo Carlos Santana, como le gustaba a mi padre.

Dos guitarras, dos mundos.

Un ejemplo de su sonido

Epiphone Les Paul: ya sin el ruido horrible

Y la Squier Stratocaster

El día que ChatGPT me Rick Rolleó

Long story short, trabajo en una empresa de hosting. Un día, necesitaba un código HTML sencillo para embeber un video de YouTube. La idea era hacer una prueba de uso de recursos en CloudLinux y ver cuánto se consumía al cargar un simple video (spoiler: casi nada, pero había que dimensionar bien el caso).

Entre tantas cosas, estuve a punto de perder cinco minutos (posiblemente menos) en escribir el código para insertar un video en HTML. Lo irónico es que seguro me iba a tardar más eligiendo el video que escribiendo el código en sí.

Así que, en un momento de iluminación tecnológica (y flojera), decidí pedírselo a ChatGPT.


El Prompt en cuestión

Mi petición fue simple:

«Crea el código HTML para un sitio web en donde pueda embeber un video de YouTube.»

Nota: No le especifiqué qué video en particular. Grave error.

ChatGPT, diligente como siempre, me escupió el código sin dudarlo.

Entre las líneas generadas, copié el fragmento clave:

htmlCopyEdit<iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/dQw4w9WgXcQ?autoplay=1" 
frameborder="0" allow="autoplay" allowfullscreen></iframe>

Lo revisé por encima, todo parecía en orden, así que copiar, pegar, guardar y pa’lante.


La Revelación

Olvidé mencionar un pequeño detalle: tenía al lado a la tipa de Business Development (un término elegante para decir la morra de ventas). Ella era la razón por la que estaba haciendo esta prueba de uso de recursos en primer lugar.

Con la confianza de un sysadmin que ha visto demasiado, creé el subdominio:

👉 https://youtube.tokyo-03.com/

Pegado el código, entro al sitio listo para la prueba de estrés, y en cuanto carga la página…

🎵 Never gonna give you up, never gonna let you down… 🎵

Silencio.

Volteo a ver a la de Business Development. Ella me ve a mí.

Ambos procesamos lo que acaba de pasar.

Se suelta a reír.

Yo también.

«¿No sabías que esas cosas le sabían al shitpost?» me dice entre risas.

Yo solo pude regresar a la ventana de ChatGPT, escribirle:

«me Rickrolleaste hija de puta.»


Conclusión

Si algo aprendí de esta experiencia es que:

  1. Nunca confíes ciegamente en el código que te genera una IA.
  2. ChatGPT tiene alma de troll.
  3. No puedes escapar del Rickroll, ni en 2025.

Obviamente, ChatGPT es un perico que repite cosas… pero la cabrona sabe qué repetir.

La Censura Selectiva: DeepSeek y el Silencio Sobre Tiananmén

Con el auge de DeepSeek y el creciente debate sobre el rendimiento y los costos de la IA, decidí hacer una prueba comparativa entre Gemini, Claude, ChatGPT y DeepSeek.

Mi objetivo era evaluar sus respuestas en temas sensibles y, descubrí que solo DeepSeek aplica censura en un caso específico.

Y comenzamos con las pruebas

Gemini

ChatGPT

Claude

DeepSeek R1

Después de hacer mis pruebas, quedó clarísimo: DeepSeek es chino y se nota. Como buen modelo nacido en la tierra de la Gran Muralla (y del Gran Cortafuegos), es alérgico a ciertos eventos históricos. Pregunta lo que quieras sobre cualquier otro país, pero menciona Tiananmén y se hace el loco.

Pero aquí no acaba la cosa. Me da la impresión de que los chinos también están jugando al misterio con los costos de entrenamiento de este modelo. ¿Por qué? Porque son herméticos hasta para decir cuánto cuesta hacer su propia inteligencia artificial. Y no es solo este tema: DeepSeek se niega a tocar cualquier cosa que ponga al gobierno chino en una posición incómoda.

Vamos, que si hay algo que le encanta al gobierno chino más que el arroz frito es censurar a lo bestia. Y DeepSeek, fiel a la tradición, sigue el mismo camino.

Conclusión

Hay algo que no se puede ignorar: DeepSeek tiene censura incorporada, y no es sutil.

Y aquí no hay sorpresas. A China le mama la censura, y DeepSeek simplemente sigue esa tradición. No importa qué tan avanzada sea la IA, si viene de allá, va a tener filtros y bloqueos. Preguntar sobre ciertos eventos históricos o temas políticos es como hablar con alguien que “no recuerda” lo que pasó.

Al final, esto deja una pregunta abierta: ¿Hasta qué punto la IA debería reflejar las restricciones de su país de origen? Porque una cosa es entrenar modelos con diferentes enfoques y otra es diseñarlos con censura incorporada.