Categoría: Computadoras

Soporte Web : Terror remoto, plugins piratas y anécdotas increíbles

 

Si trabajas en TI, conoces el Modelo OSI. Todo lógico, todo perfecto. Pero aveces de verdad pienso que existe la Capa 8. El usuario.

Llevo años coordinando el área de soporte técnico de una empresa de hosting. La realidad de mi trabajo es curiosa: administro servidores que están físicamente en un datacenter congelado en Texas, mientras yo estoy sentado en mi escritorio en Guadalajara, sudando calor tapatío, con una latencia de 60ms y una gata siamesa (Power) mordiendo el cable de mi monitor.

Jamás he tocado esos servidores. No sé si son grises o negros. Pero conozco su alma. Sé cuándo sufren, cuándo se saturan y, sobre todo, sé cuándo un usuario acaba de destruir su propio negocio desde la comodidad de su casa.

Porque, repitan conmigo: Los servidores no se rompen solos.

Historia 1: El Síndrome del «Todo Gratis» (y el sitio web de casinos)

En el hosting, el 90% de los problemas tienen un nombre: WordPress. Y no porque WordPress sea malo, sino porque la gente cree que «Open Source» significa «Instalar cualquier porquería que me encontré en un foro ruso».

Ticket #404 – Prioridad: URGENTE Cliente: «¡Su seguridad es una basura! ¡Mi sitio web de abogados ahora vende Viagra y redirige a un casino en Japón! ¡Exijo una compensación!»

Entro por SSH. El servidor está perfecto. El firewall está activo. Navego a la carpeta de plugins del cliente: wp-content/plugins/. Y ahí lo veo. El asesino silencioso:

elementor-pro-NULLED-free-no-virus-definitely-safe.zip

El cliente no quiso pagar los 50 dólares de la licencia original. Prefirió bajar la versión «gratis» de un sitio dudoso. Resultado: Le inyectaron un malware que convirtió su despacho jurídico respetable en un bazar de spam.

Cuando les explicas que el problema no es el servidor, sino la basura digital que instalaron voluntariamente, la respuesta es clásica: «Pero mi antivirus de la compu dice que estoy limpio».

Suspiro. Power maúlla, exigiendo que deje de discutir con idiotas y abra una lata de purina cat chow.

Historia 2: «Solo estaba limpiando…» (El misterio de public_html)

No hay nada más peligroso que un usuario con acceso FTP y una tarde libre de domingo.

Ticket #666 – Prioridad: EL MUNDO SE ACABA Cliente: «Oye, mi página no carga. Sale error 404. No le moví a nada, seguro se cayó su servidor.»

Revisas el estado de los servicios: Apache up, MySQL up, PHP up. Todo en verde. Te conectas al gestor de archivos. Buscas la carpeta sagrada: public_html. Esa carpeta donde vive todo el sitio web.

No está.

En su lugar, hay una carpeta llamada respaldo_viejo y otra llamada nueva_carpeta. Reviso los logs de acceso FTP. User: cliente | Command: DELE public_html

El cliente entró, vio «muchos archivitos raros» (que eran, literalmente, su página web), pensó «esto se ve desordenado»y le dio a Suprimir.

Yo: «Estimado cliente, notamos que usted borró manualmente la carpeta principal de su sitio a las 4:15 PM.» Cliente: «Ah… ¿esa carpeta era importante? Pensé que era caché. ¿Tienen respaldo de hace 5 minutos, verdad?»

El silencio en la línea es tan denso que se puede cortar con un cuchillo.

La distancia nos protege (a veces)

A veces agradezco que los servidores estén en Texas y los clientes en la nube. Porque si tuviera que explicarle en persona a alguien por qué su correo no llega (spoiler: su IP está en lista negra porque enviaron 5,000 correos de publicidad en una hora desde Outlook), probablemente Power tendría que salir a defenderme.

Mi trabajo es a control remoto. Opero sistemas complejos a miles de kilómetros de distancia, intentando arreglar el desastre que alguien causó con un solo clic.

Conclusión: El error está entre la silla y el teclado

Así que, si alguna vez tu sitio «se cae», antes de culpar al hosting, pregúntate:

  1. ¿Instalé algo pirata recientemente?
  2. ¿Borré algo que no sabía qué era?
  3. ¿Toqué permisos 777 porque «así jalaba»?

Si la respuesta es sí, no te preocupes. Aquí estaré yo, en Guadalajara, con mi gata juzgona y una terminal abierta, listo para salvarte de ti mismo.

Pero por favor… no borres el public_html.

En una terminal remota de linux y en el espacio nadie te puede escuchar gritar


Escrito mientras reinicio un servicio que se colgó con la gata entre mis piernas.

Me compré una MacBook Pro M5 y ahora mi identidad fiscal está en peligro

Tenía una Mac M2 del trabajo.

Una máquina decente, rápida, silenciosa…

pero con un detalle: no era mía.

Y en realidad la use durante meses para crear este blog.

Cada vez que abría algo que no era del trabajo, sentía que un auditor imaginario me respiraba en la nuca.

Instalar Docker:

delito federal.

Correr un LLM local:

abuso de confianza.

Cambiar el wallpaper a una mona china subido de tono:

causa de despido inmediato.

Así que hice lo que cualquier adulto responsable haría:

Gasté casi 40 mil pesos en una MacBook Pro M5 para dejar de sentir culpa moral.

Y, mira…

no voy a mentir:

desde que la saqué de la caja me sentí como si hubiera comprado una nave espacial.

La Mac M5 no solo es una laptop:

es mi carta de libertad…

Esta computadora no es una herramienta.

Es una excusa para justificar mi existencia tecnológica.

y también el motivo por el que no voy a comer sushi por seis meses.

Cosas que pasaron inmediatamente después de prenderla

  • Todo abre tan rápido que por un segundo pensé que sabía programar mejor.
  • El ventilador… no existe. La máquina es más silenciosa que mis decisiones responsables.
  • Batería que dura más que mis relaciones.
  • El trackpad tiene más precisión que yo tomando decisiones de vida.

Mientras tanto, la vieja M2 del trabajo se quedó ahí, en mi escritorio, mirándome como ex que todavía tiene tus sudaderas:

“¿Ya no soy suficiente?

¿Es por el procesador?”

No, M2.

Es por la libertad.

Y porque contigo no puedo poner hentai de monas chinas en el escritorio sin que RH me haga una intervención.

Cosas que ahora sí puedo tener en mi Escritorio personal:

  • 99 pestañas abiertas solo para sentirme vivo.
  • 4 proyectos nuevos que nunca terminaré.
  • 3 LLM corriendo local “para pruebas científicas”.
  • Wallpapers de monas chinas hentai muy subidos de tono.
  • Una carpeta llamada “IMPORTANTE” que en realidad no tiene nada importante.

Y lo más valioso de todo:

La Gata Power viéndome desde la cama,

mirando la Mac nueva como si fuera una compradora de SAT:

“¿Y de esto dónde está la factura?

Ajá.

Eso pensé.”

Su mirada de juicio es más pesada que cualquier benchmark.


¿Valió la pena?

No.

¿Me siento mejor?

Increíblemente sí.

¿Voy a estar comiendo maruchan un rato?

Sin duda.

¿Volvería a hacerlo?

A la primera provocación.

Reviviendo a la vieja guerrera: Dell + Manjaro

Tenía años arrumbada en una esquina, con el teclado lleno de polvo y la batería más muerta que mis ganas de actualizar Windows. Mi vieja Dell —que alguna vez fue mi fiel compañera de trabajo, juegos livianos y alguna que otra instalación fallida de mods— llevaba mucho tiempo sin encenderse. Pero algo me dijo que aún no era su hora.

Así que le di una segunda oportunidad. ¿La receta? Formateo total, despedida definitiva a Windows, y una instalación fresca de Manjaro Linux, versión actualizada al día.

¿Por qué Manjaro? Porque es ligera, moderna y visualmente muy pulida. Y porque, siendo honesto, me gusta complicarme un poco la vida —pero no tanto como con Arch puro. Manjaro es ese punto medio entre poder, control y facilidad.

Además, en 2025 Windows 10 llega al final de su soporte, y esta pobre Dell ya no cumple con los requisitos para instalar Windows 11. Así que no se trataba solo de querer, sino de necesidad: o la tiraba, o la liberaba.

Esta vez fui por la edición con GNOME. Sí, sé que no es la más liviana, pero qué bien le sienta ese diseño limpio y fluido a una máquina con historia. Y contra todo pronóstico, corre sorprendentemente bien. La experiencia es moderna, elegante y sin lags, casi como si la Dell estuviera fingiendo que tiene mejores specs de las que en realidad tiene.

Y obviamente la foto con el NeoFetch instalado

¿Y el rendimiento? Brutal. Navegación fluida, terminal rápida, y hasta VS Code corre sin quejarse. No voy a editar videos 4K en ella, pero para escribir, programar, y revivir el espíritu de las máquinas olvidadas, es perfecta.

Ahora no solo tengo una laptop funcionando: tengo una aliada minimalista que me recuerda que muchas veces no necesitamos más potencia, solo menos bloat.