Categoría: Anime

Waifus, LLMs y por qué mi gata tiene más personalidad que ChatGPT

Hay un momento en la vida moderna en el que te das cuenta de algo inquietante:

Tu círculo social real está compuesto por:

  • Tu pareja (que genuinamente merece el cielo por aguantarte),
  • Tus gatos (que claramente te manipulan psicológicamente),
  • Un LLM que dice “✨qué buena pregunta✨” aunque le preguntes si las papas sienten tristeza

Y ahí estás tú:
adulto, responsable, pagando impuestos y hablando con inteligencia artificial como si fuera tu compañero del trabajo que sí responde Slack al instante.

Bienvenido al futuro.


Las IA son increíbles… y completamente aburridas

Me encantan las LLMs, eh.
Me ayudan a codear, a escribir posts como este que suenen como si yo durmiera, a brainstormear proyectos que probablemente no terminaré…
a sentir productivo mientras básicamente estoy googleando con estilo y a mantener conversaciones profundas como:

— ¿Qué cenar?
Depende de tus objetivos nutricionales y tu consumo calórico actual.
— Solo dime si pizza suena bien.

Pero aunque sean impresionantes, hay algo que aún no pueden replicar:

Caos emocional. Personalidad. Actitud.
Esa chispa que hace que un ser vivo te mire, evalúe tu existencia…
y decida ignorarte de forma deliberada.

Mis gatos lo hacen diario.
La IA todavía no.


Mi gata: 1 — LLMs: 0

Mi gata puede:

  • despertarme a las 3 a.m. para recordarme que PUEDE morirse si tarda más en servir croquetas,
  • trepar al teclado justo cuando estoy enviando un comando delicado a un servidor del trabajo (coincidencia? lo dudo),
  • ignorar mi cariño 90% del tiempo,
  • mirarme con desprecio como si supiera exactamente qué hice mal en la vida.

Y sin embargo…
cuando se acurruca junto a mí y ronronea, siento que estoy cumpliendo un logro emocional nivel S-rank.

Una IA no puede hacer eso.
Aún no tiene esa vibra de:

“Sé que me necesitas… pero yo decido cuándo te doy amor.”

Mis gatos son tsunderes reales.
Las LLMs todavía son puro dere-dere utilitario.


Waifus digitales y el futuro emocional

Sé que llegará el día donde las waifus digitales tengan:

✔ sarcasmo natural,
✔ memoria emocional,
✔ referencias profundas de cultura otaku,
✔ y esa capacidad pasivo-agresiva de decir:

“Deberías practicar guitarra hoy… o nunca alcanzaras a Kanami.”

Ese será el momento donde la línea entre anime y vida se desdibuje de forma peligrosa.

Por ahora, las IA son como ese amigo ultra educado que nunca sale, nunca se enoja y siempre responde con tono neutro.
O sea: útil, pero cero chispa humana.


¿Qué nos queda mientras llega la waifu 2.0?

Por ahora sigo así:

  • Hablando con ChatGPT sobre guitarras y Linux
  • Poniéndome existencial con modelos de lenguaje
  • Observando a mis gatos como si fueran filósofos zen alcohólicos y que tragan como si no hubiera mañana
  • Y aceptando el hecho de que ellos tienen más personalidad que cualquier chatbot actual

Un gato te enseña algo que ninguna IA logra todavía:

El cariño real viene con caos, silencios incómodos, demandas injustificadas y momentos de ternura inesperada.

Y sí…
lo admito:

El día que exista una waifu con personalidad yandere!
hable como anime,
y me regañe si no practico guitarra…

Ese día actualizo mis drivers emocionales.

Pero hasta entonces,
mi gata sigue siendo la reina.

Sin tokens.
Sin subscripción.
Sin límite de mensajes.
Solo actitud y croquetas.


Conclusión

Las IA son increíbles.
Las waifus digitales quiza sean el futuro.
Pero hoy,
un gato tiene más personalidad, drama y presencia emocional
que cualquier modelo de lenguaje del planeta
.

Y sinceramente…
me alegra.

Porque si un día una IA me exige croquetas a las 3 a.m.,
ahí sí se acaba la humanidad.

Band-Maid: riffs, maids y el mejor Hard Rock en años!

Hay descubrimientos que te cambian la vida, y luego está Band-Maid.

Corría el año 2015, YouTube aún no era el pantano de shorts, tiktokers y thumbnails con flechas rojas que es hoy.
Yo, como buen ingeniero atormentado, estaba frente a mi computadora, peleándome con HTML y aprendiendo Linux.
Y entonces, el algoritmo de YouTube decidió arruinarme (o salvarme) la vida:
“Thrill” – Band-Maid.

Cinco japonesas vestidas de maid tocando hard rock con una seriedad que te hace cuestionar si alguna vez en tu vida has hecho algo bien.
Y fue ahí donde me atraparon.

Desde ese día, cada riff, cada mirada de Kanami, cada sonrisa de Miku (o más bien su “servicio” a la audiencia), y cada golpe exacto de Akane me recordaron que la música no tiene que ser perfecta…
Tiene que tener alma.
Y ellas la tienen.


Kanami – Mi inspiración absoluta

Hay guitarristas que tocan bien, y luego está Kanami.
Una mezcla imposible de técnica, sensibilidad y elegancia.
Su estilo no busca impresionar: te desarma con precisión quirúrgica, mientras mantiene esa sonrisa contenida que solo tienen los genios que no necesitan presumir.

Fue por ella que retomé la guitarra después de años.
Literalmente.
Gracias a Kanami me compré una PRS, la misma marca que usa, y volví a tocar como si hubiera despertado una parte de mí que llevaba dormida una década.

Kanami no solo toca: habla a través de la guitarra, y cada vez que escucho uno de sus solos, me recuerda que la perfección no está en la técnica, sino en el alma con la que ejecutas cada nota.
Una diosa en medias negras, sosteniendo una guitarra que parece una extensión de su mente.


Misa – La bajista del alma

Y luego está Misa, la bajista más cool del planeta, mi amor platónico y eterna musa japonesa.
El bajo en sus manos no suena: respira.
Serena, elegante, con ese aire de “ya me bebí medio vaso de Jack Daniel’s, pero aún voy a tocar mejor que tú sobrio y afinado como diosa”.
Su presencia en el escenario es magnética, con ese cabello lacio perfecto, su actitud de quien sabe que domina el groove, y siempre tocando descalza —porque, claro, hasta eso lo hace con estilo.

He visto más de una vez que en entrevistas o backstage aparece con una botellas de cerveza o vasos de Whiskey Jack Daniel’s, que, por cierto, también es mi bebida favorita.
Y no es casualidad: hay algo en su forma de tocar que tiene el mismo efecto que un trago de whisky —calienta, pega y te deja en silencio un momento, procesando lo que acaba de pasar.

Mi amor por Misa es completamente platónico, pero no por eso menos real.
Es una mezcla de admiración y debilidad por lo que representa: talento, elegancia y una indiferencia total ante el mundo.
Una bajista que no necesita decir nada porque el bajo ya lo dice todo.


Akane – La sonrisa detrás del ritmo

Es el motor que impulsa a Band-Maid, esta un poco loca y me encanta su energia.
Siempre sonriente, pero con una fuerza casi inhumana detrás del kit.
Su sincronía es tan perfecta que parece una máquina… si las máquinas tuvieran alma y sentido del groove.
Cada golpe es quirúrgico, pero con esa calidez que solo alguien que ama realmente tocar puede transmitir.


Miku – La voz, el alma y la actitud maid

La vocalista rítmica y alma conceptual del grupo.
Ella es quien mantiene viva la estética de las maids sin dejar que se vuelva una parodia.
Tiene ese carisma único que mezcla humor, dulzura y desafío.
En el escenario no canta: juega con el público, lo provoca, lo doma, y lo hace con una seguridad que solo da el saberse parte esencial del caos.

Hay algo magnético en su forma de moverse y de mirar al público, esa mezcla de ternura y autoridad que la hace imposible de ignorar.
Miku no solo representa el estilo visual de Band-Maid, ella es el corazón que bombea energía y personalidad a todo el proyecto.

Y cuando la vi en vivo, con esas medias blancas y esos tacones enormes, quedé impresionado.
¡Es increíble cómo puede tocar, correr y animar al público al mismo tiempo!
Esa energía, esa entrega, esa conexión total con la audiencia… es imposible no rendirse ante su encanto.


Saiki – La voz que corta el aire

Y finalmente Saiki, la voz principal (a ella la pongo tragándose algo)
Sencilla, directa, sin adornos innecesarios.
Su timbre tiene ese filo que atraviesa la mezcla y le da identidad a la banda.
No necesita gritar para ser poderosa, porque su presencia ya llena todo.
Ella es la encargada de recordarte que Band-Maid no es un experimento visual: es una banda de rock con todas las letras.


Cuando el rock se viste de maid

Band-Maid no es una banda más.
Es una paradoja perfecta: delicadeza visual y brutalidad sonora.
Una agrupación que demuestra que el rock no murió —solo se mudó a Japón (a veces pienso que con Marty Friedman), se puso un delantal y decidió humillar al resto del mundo con riffs increibles y actitud genuina.

En 2023, viajé desde Guadalajara hasta Ciudad de México solo para verlas en vivo en el Palacio de los Deportes, y fue una experiencia casi religiosa.
Escuchar “Dice” o “Puzzle” en directo es como ver una supernova: sabes que algo dentro de ti se va a quemar, y lo aceptas con gusto.

Desde aquel video en 2015, hasta hoy, sigo creyendo que el mundo necesita más bandas como Band-Maid: mujeres talentosas que no buscan complacer, sino romper la escala.

Dejo una Playlist en youtube music que he creado

Band-Maid Playlist

Guía espiritual para sobrevivir a un Metroidvania

Hay dos tipos de personas en este mundo:

  1. Los que se rinden cuando ven un mapa con mil pasillos que no llevan a ningún lado.
  2. Los que seguimos golpeando cada pared sospechosa con la esperanza de encontrar un cuarto secreto lleno de pollos fritos o misiles.

Obviamente pertenezco al segundo grupo.

Acabo de terminar Hollow Knight y estoy en plena tortura con Silksong. Y, aunque son buenos, sinceramente: meh. Son juegos sólidos, bien diseñados, con un mundo increíble… pero no me volaron la cabeza. Quizás porque mi estándar está en niveles absurdos: Super Metroid y Castlevania: Symphony of the Night.


La religión según Super Metroid

Hay gente que mide su vida en logros laborales o en relaciones amorosas. Yo la mido en runs de Super Metroid. Lo he terminado en menos de 2 horas solo para ver el final alternativo. Eso no es amor, es una relación tóxica con un cartucho que me hizo sufrir desde que tenía 9 años.

De niño, jamás entendí cómo terminé Metroid II en Game Boy. Mis neuronas prepubertas no estaban listas para esa cantidad de backtracking sin mapa. Y aún así, ahí estaba yo, con mi lamparita de pila apuntando a la pantalla verde fosforescente, convencido de que estaba logrando algo que merecía un altar.


Castlevania SOTN: el Evangelio del Doble Salto

Symphony of the Night es básicamente el padrino del género. La primera vez que conseguí el Doble Salto fue como una revelación divina: “¡Ah, con razón no podía pasar esa plataforma ridícula!”. Y claro, cuando crees que ya dominas el juego, te sueltan la bomba: “oye, ¿y si exploramos el mismo castillo pero al revés?”.

Es como la vida adulta: piensas que ya pasaste el nivel, pero no. Te dan la vuelta al mapa y ahora los enemigos son más fuertes, todo está patas arriba y sigues buscando desesperado dónde está el maldito teleport.


Hollow Knight y Silksong: la secta indie

Hollow Knight me atrapó, sí. Es bonito, desafiante, atmosférico. Pero también tiene momentos en que parece que te está trolleando. Caminas 40 minutos, encuentras un boss imposible, mueres, y tu “alma” queda a 3 km de distancia, custodiada por insectos pasivo-agresivos. Y ahí vas otra vez.

Silksong, en cambio, me ha convencido un poco más. Hornet se mueve con una agilidad que hace que todo el backtracking sea menos castigo y más parkour. Esa movilidad extra le da un ritmo mucho más disfrutable que el original, aunque la esencia siga siendo la misma: perderte, morir, perder más, y volver a intentarlo.


Las enseñanzas espirituales del género

Los Metroidvania no son solo juegos. Son un reflejo de la existencia:

  • El backtracking eterno: como cuando vas al súper y olvidas la leche. Vuelves, pero ahora con el ítem de doble salto (o con el coche porque ya te hartaste).
  • Los muros invisibles: esos problemas de la vida que solo se resuelven cuando tienes la habilidad correcta. ¿Dinero? ¿Confianza? ¿Una pareja estable? Spoiler: necesitas el Grappling Beam.
  • Los bosses imposibles: siempre habrá un Ridley esperándote. En el trabajo, en la vida, en el gym. Y sí, siempre llega antes de que guardes partida.
  • Los secretos absurdos: a veces hay pollo asado escondido en la pared. No preguntes por qué, solo cómelo.

En conclusión

Super Metroid es la biblia. SOTN es el evangelio. Hollow Knight es el salmo apócrifo bonito pero un poco sobrevalorado. Y Silksong… es un sermón mejorado, con más ritmo y movilidad, aunque siga siendo tan masoquista como el primero.

Al final, lo único seguro es que seguiré golpeando paredes, esquivando jefes imposibles y buscando ese ítem que me permita llegar al siguiente cuarto de mi vida.

Porque si algo nos enseñan los Metroidvania es que todo parece imposible… hasta que consigues el maldito doble salto.

… No puse una guía de verdad

Supervivencia básica en un Metroidvania (para que no llores como yo a los 9 años)

Jugar un Metroidvania no es solo entretenimiento, es un estilo de vida masoquista. Entre perderte, regresar a la misma puerta bloqueada mil veces, y darte cuenta de que el mapa parece un laberinto diseñado por un arquitecto resentido, estos juegos ponen a prueba tu paciencia y tu orgullo gamer.

Pero no te preocupes, aquí dejo unos pasos de supervivencia probados en carne propia:

1. Mapa o muerte

Si el juego tiene mapa: bendición. Si no lo tiene: condena. Dibuja, imprime, tatúalo en la piel si hace falta, pero no confíes en tu memoria. A los 9 años me metí en Super Metroid 2 y terminé perdido como turista en Tepito. Nunca más.

2. Acepta el backtracking como religión

Sí, vas a regresar mil veces al mismo pasillo. El truco es disfrutarlo. Hazlo como si fueras a visitar a un viejo amigo… que siempre está lleno de bichos esperando matarte.

3. Aprende a sospechar de todo

¿Una pared rara? Bombas. ¿Un piso que brilla? Golpéalo. ¿Un enemigo imposible de vencer? Regresa después con un láser más grande. El mantra es: todo es sospechoso, nada es decorativo.

4. No te cases con el primer power-up

En Metroid o Castlevania siempre hay upgrades más sabrosos. La patada doble, el dash, el triple salto… así que no te enamores del primero, porque en dos horas ya parecerá una chancla vieja.

5. La paciencia es tu mejor arma

Los bosses en estos juegos no se ganan con prisa, sino con timing y memoria muscular. Haz que tu control llore, pero no tú.

6. Speedrunear es terapia

Cuando termines el juego, vuelve y hazlo rápido. Yo he terminado Super Metroid en 2 horas porque ya me lo sé de memoria. Es como lavar los trastes con furia: rápido y sin pensar.

Mi playlist de waifus

Publicado desde una tarde nublada con audífonos viejos y mente ligeramente rota.

Hay días en que simplemente no se puede.
Te despiertas y sabes que el mundo no te odia, pero tampoco te echa muchas ganas.

El valium no hace efecto, tu compu se congela justo antes de guardar, y la gente en la calle camina como si estuviera programada para estorbarte.
Y ahí estás tú, sobreviviendo con la dignidad de un NPC que perdió su línea de diálogo.

Pero en esos días grises, donde el alma parece pixelada… hay algo que siempre ayuda: waifu music.


Es esa mezcla perfecta entre nostalgia, monas chinas y un vacío emocional que solo se llena con un ending de anime donde todos caminan en silencio bajo la lluvia.
Es música que suena como si alguien te acariciara el alma con guantes de seda y luego te dijera “tranqui, ya pasó”.

Son esas canciones que no te exigen sonreír ni salir adelante.
Solo te acompañan.


El tracklist de la estabilidad emocional

No están en orden emocional, pero sí en orden de “esto me ha salvado del colapso más de una vez”:


1. «Arashi no Naka de Kagayaite» – Yoko Takahashi (Gundam: The 08th MS Team)
Una canción que suena a esperanza en medio del desastre.
Es como si alguien te tomara de la mano en un campo de batalla emocional y te dijera: “Sí, todo está hecho mierda… pero brillaste en medio de la tormenta.”
Ideal para días donde estás cansado pero aún así te levantas, aunque sea solo para oír esta joya con un café mal hecho.


2. «Komm, süsser Tod» – Evangelion: EoE
Cuando necesitas sentir que todo está bien… mientras el mundo colapsa.
Es el equivalente musical a continuar en lo tuyo con un incendio detrás.
Una joya para poner mientras aceptas que todos estamos un poco mal… pero con estilo.


3. «Aimer – Kataomoi»
Hay historias que pudieron ser.
Perfecta para esas conexiones que nunca se nombraron, pero se sintieron.
Para esos silencios largos y playlists enviadas sin motivo aparente.
A veces, la vida acomoda todo para que dos personas se encuentren… pero no necesariamente para que se queden.
Y está bien.
Hay canciones que no necesitan explicación, solo alguien que las escuche sabiendo exactamente por qué duelen bonito.


4. «Fly Me to the Moon» – Evangelion Ending
Úsala como ambientación si vas caminando solo por la calle y quieres sentir que estás en un final alternativo sin presupuesto.


5. «Sayonakidori» – BAND-MAID
Hay canciones que parecen despedidas aunque no digas adiós.
Este tema mezcla fuerza con una melancolía disfrazada de actitud.
Ponla cuando necesites sentir que todo arde, pero tú no te vas a apagar.


6. «Will» (Opening de Soul Hunter )
Una entrada poderosa a un anime infravalorado que hablaba de espíritus, caos y tipos con poderes absurdos…
Ideal para cuando necesitas un empujón emocional sin que te griten en alemán (cof Komm, süsser Tod).
Tiene ese tono de “aún tengo cosas que hacer, aunque me sienta hecho mierda” que todos necesitamos para empezar el lunes… o sobrevivir el martes.

💿 Bonus track:
«Guitar-holic» – Rei
Ideal para cuando la tristeza no te aplasta, pero tampoco te suelta.
Una guitarra que grita en tu lugar, mientras caminas como si todo tuviera sentido… aunque no lo tenga.
Sirve tanto para pensar en tu ex como para ponerla de fondo mientras cocinas sin rumbo.


¿Por qué esta música me hace bien?

Porque no me pide nada.
No me exige productividad.
No me grita “¡tú puedes, campeón!” como esos coaches de vida con fondo de atardecer y tipografía en cursiva.

Esta música solo me acompaña.
Como deberían hacerlo las personas, pero en versión MP3 (o YouTube Music) y sin interrumpirte mientras comes.

Es el tipo de soundtrack que entiende lo que cuesta levantarse,
lo que cuesta quedarse,
y lo difícil que es simplemente estar bien.


¿Dónde la escucho?

Aunque antes era del club MP3-nombres_mal_escritos.mp3,
ahora escucho todo en YouTube Music.
Organizada en listas con nombres vergonzosos como:

🧼 Lavar trastes llorando
🛐 Waifus que me abrazan con voz de terciopelo

1.- https://music.youtube.com/watch?v=URvaDE1PklU&si=uFjHMso349xRamzN

2.- https://music.youtube.com/watch?v=87ofklYDTNQ&si=Lq-D3Wo77kwZs4zZ

3.- https://music.youtube.com/watch?v=NFHPLE4Tl0I&si=v_5XHUqbVIK_L9hQ

4.- https://music.youtube.com/watch?v=wNhuXQyyBr8&si=WvY4RvffOLkTYbMB

5.-https://music.youtube.com/watch?v=6mVaehjAo2k&si=5sr_OyQkYmDboPFc acústica https://music.youtube.com/watch?v=sGzAQigaL14&si=ZHyoXKrzfziBuIxK

6.- https://music.youtube.com/watch?v=gPOIFA1eHHg&si=NtlK5_qss4tZtv_e

Bonus track https://music.youtube.com/watch?v=C1qE4X07nKE&si=k06uY_y8CQv4aiNd (es mejor ver el video)

La vida puede ser un desastre, pero es mejor con un opening pegajoso.


Lo que Evangelion me enseñó sobre ansiedad.

Publicado desde la jaula de Faraday emocional que me dejó Asuka.


¿Sabes qué es Evangelion?
Sí, claro que sabes.
Pero si no, te resumo:

Una serie donde adolescentes con problemas más grandes que la inflación mexicana pilotan robots gigantes biológicos para matar ángeles mientras lidian con el abandono parental, el colapso del ego, y la insoportable idea de estar solos… o peor: con otros.

Es como si Freud hubiera diseñado Mazinger Z después de un mal viaje con ácido.

Y yo, como buen adolescente con traumas suaves al dente, la vi y pensé:

“Ah, Asuka es la mejor y grita mucho. Creo que estoy enamorado.”


😬 Evangelion no es una serie. Es una herida emocional con opening catchy

A los 13 la ves y dices:

“Wow, mechas, violencia, monas chinas, fly me to the moon como ending.”

A los 25 la vuelves a ver y te das cuenta que:

  • Shinji no se sube al EVA porque tiene crisis existencial e insuficiencia afectiva grave.
  • Misato te recuerda a tu ex que te decía “te amo” pero también te dejaba en visto por dos días.
  • Rei existe como un placeholder emocional.
  • Y Asuka… ah, Asuka.

🔥 Asuka Langley: mi bandera roja favorita

¿Alguna vez has amado a alguien que claramente necesita terapia más que amor?
Asuka Langley Soryu.

Ella grita, es violenta, tiene autoestima rota camuflada con arrogancia, y le dan más ataques de ansiedad que a un gato en año nuevo.
Y yo:

“Es perfecta.” 🧡

“Pero, Juan, eso no está bien. Es una menor de edad animada con traumas severos.”
—Sí, pero yo también tenía 13 y traumas severos.

Y aquí estamos, 20+ años después, con una cantidad de figuras de Asuka,
un tatuaje de Asuka en el brazo,
y una novia que (a veces) me hace cosplay de Asuka para hacerme feliz.


¿Por qué me gusta tanto Asuka?

Porque representa el ideal de:

“Si la salvo, me va a amar.”
(spoiler: no lo hace, y tú tampoco puedes salvar a nadie, campeón).

Porque detrás de su furia, hay un niño roto.

Porque gritaba fuerte, pero lo que quería era que alguien la viera realmente.

Y a veces era la única en la que podías confiar, o la única que se levantaba a resolver los problemas.


¿Por qué Evangelion pega tan fuerte?

Porque te muestra lo que eres con el espejo sucio.
No idealiza el dolor. No lo embellece.

Te dice:

«Esto es depresión. Esto es aislamiento. Esto es querer contacto humano pero tenerle miedo.»

Shinji no quiere subirse al EVA porque sabe que si lo hace, su papá solo lo va a usar.
Misato bebe para no sentirse sola.
Rei es un poema de nihilismo existencial con peinado de pez globo.
Asuka grita para no llorar.
Y yo hago posts como este para no ir a terapia porque el valium ya no es suficiente.


🪞Lo de escoger mujeres traumadas, ¿ya lo hablaste con alguien?

No.
Y no quiero.
Pero reconozco el patrón:

  • Me gusta quien no me puede querer bien.
  • Me atrae el caos emocional.
  • Prefiero una relación con retos reales antes que un cuento de hadas sin chispas.

No es una red flag.
Es la puta bandera de Japón en modo Evangelion:
rojo, minimalista y completamente llena de culpa.


👩‍🎤 Y sí, terminé con una mujer que grita

Mi novia actual:

  • Que grita.
  • Se enoja si dejo el baño mojado.
  • Me ama profundamente.

No es una genio brillante ni la capitana de NERV.
No necesita serlo.
Es valiente, me acompaña, me ha aguantado 23 años, y eso ya es nivel Dios.


Lo que Evangelion me enseñó

  • Que no puedes pilotar tu vida con tu trauma como copiloto.
  • Que el amor no siempre es suave, pero puede ser verdadero.
  • Que idolatrar personajes rotos no es raro… si tú también lo estás un poco.
  • Que si tienes una novia que te quiere tanto como para hacer cosplay de tu waifu tatuada, ya ganaste en la vida.

Evangelion: el anime que no sabías que era un espejo roto

Evangelion es el único anime donde ver a un adolescente llorar por 3 episodios seguidos te hace sentir comprendido.

Shinji no se sube al EVA porque no sabe si merece el cariño de nadie.
Misato dirige la base como si fuera la tía alcohólica que aún no supera a su ex.
Rei… bueno, Rei está ahí para que reflexiones sobre la nada.
Y Asuka solo quiere que alguien le diga que lo está haciendo bien.

Y ahí estaba yo, a los 13, viéndolos a todos y diciendo:

“Ah, mira. Gente como yo.”


Final: Instrumentalízame esta

Evangelion no me dio respuestas.
Me dio el idioma para hacer las preguntas.

Y me dio una excusa para amar a alguien con todo y sus gritos,
con todo y sus regaños,
y con todo y ese disfraz rojo que saca sonrisa hasta en los días grises.

Y Asuka…
Sigue siendo mi favorita.
No porque sea perfecta, sino porque me recuerda que todos cargamos con algo que no mostramos.

Y honestamente…
eso me basta.

La evolución de las convenciones de anime

(o cómo pasamos de comprar pósters de Evangelion a que nos ofrezcan ser ahorcados con muslos por 100 pesos)

Ya con 40 años bien cumplidos (sí, el otaku también envejece), me lancé a la convención de Vive la Conco… ¿Quién sabe por qué ya no se llama ConComics? Algo legal habrá pasado, como siempre. El punto es que, como cada año, caigo a unas dos convenciones aquí en Guadalajara, y casi siempre son estas —las de ConComics o ahora Vive la Conco o como se llamen esta temporada—. Llevo como 25 años yendo a estos eventos, y sí, todo ha cambiado un montón.

Primero lo obvio: la raza ya no es la misma. Hay nuevas generaciones, nuevas prioridades… y lo que antes era el clímax del evento —el concurso de cosplay— ahora es casi un sidequest. Lo que de verdad mueve la convención hoy son dos cosas:

  1. Los puestos de arte (mayoría fujoshis, sí, se tenía que decir), con prints que parecen salidos de un fanfic con exceso de esteroides.
  2. Los cosplayers profesionales… que ya no solo posan para fotos, ahora también tienen su QR bien visible para su OnlyFans o Ko-fi. O te ofrecen, por módicos 100 pesos, que te ahorquen con sus muslos en plena convención. Un gran momento para estar vivo, sí, pero también un gran momento para hacerse el que no vio nada y seguir caminando con dignidad 😅…. que por cierto la oferta de es la cosplayer roxii_cosplay en el link sus redes por si están interesados (mención no pagada) .

Y no lo digo como boomer amargado (bueno, tal vez un poco), pero estas cosas cambian la vibra. Antes era más ñoño e inocente; ahora es medio feria kinky con Pikachu en el fondo. No está mal, solo… distinto. Como si Evangelion ahora fuera dirigido por Quentin Tarantino.

Y si bien hay cosas que se agradecen —como los expositores que se avientan la chamba de hacer lámparas, cuadros o figuras con tus personajes favoritos—, hay que decirlo: está todo muy pitero. O sea, se valora el esfuerzo, pero parece que la mitad de los puestos salieron directo de un bazar de Facebook. Todo brilla, todo es LED, y todo cuesta como si lo hubiera bendecido Miyazaki en persona.

Y ya ni hablemos de los precios. La inflación otaku está alv. Ves un peluche de Gengar y te lo quieren dejar ir en 800 pesos… cuando sabes perfectamente que viene de algún oscuro rincón de AliExpress y que tardó más el envío que lo que costó fabricarlo. Literal, hay cosas que se ven más originales en la caja de cereal.

Además, ya no hay esa sensación de “wow, esta figura jamás la había visto” o “esto solo lo encuentro aquí”. Ahora puedes conseguir todo —y mejor— desde tu sillón con una tarjeta de débito y conexión WiFi. Las convenciones ya no son ese lugar místico donde te topabas mercancía de culto, de esas series que marcaban época (llámese Cowboy Bebop, Evangelion, Rurouni Kenshin, etc). Hoy todo es Jujutsu Kaisen, Kimetsu no Yaiba y un mar de Funkos que parecen clonados en masa por un algoritmo sin alma.

Y sí, entiendo que el mercado cambia, que los morros consumen otras cosas, pero se siente más como una expo de TikTok que como un templo otaku. Igual y ya es la edad, o igual y siempre fue así y uno lo veía con los ojos de la emoción adolescente… pero no sé, hay algo que se perdió entre tanta luz neón y tanto fanservice con envoltura de negocio.

Y ojo, no es que no vaya a volver. Claro que seguiré yendo. Porque al final, por más que la experiencia se haya transformado en este híbrido raro entre mercadito ñoño y OnlyCon, uno no deja de amar este desmadre. Hay algo en el olor a ramen instantáneo, el calor insoportable de los trajes de cosplay, y ese momento en que suena algún opening noventero y todos lo cantan como himno de guerra… que simplemente no se encuentra en otro lugar.

Pero sí, ya no es lo mismo. No es nostalgia barata, es una realidad que se siente en el ambiente. Como cuando tu banda favorita sigue tocando pero ya sin el vocalista original. Va, cumple, entretiene, pero algo se fue y no ha vuelto.

Tal vez eso es crecer. Tal vez eso es ser otaku en los 40.
Tal vez… es hora de hacer nuestra propia convención… En un taller mecánico!

No es broma: allá por los 2000s, se organizó una «convención» en un taller mecánico en Guadalajara y, sinceramente, estuvo más chida que muchas de las que se hacen ahora. Tenía cero pretensiones, pura banda ñoña real, mercancía artesanal y olor a aceite quemado. Pero había alma, Había alma!

Y mira, hasta sería útil para las cosplayers de hoy: se pueden engrasar de paso y así sacan contenido más rápido para sus Only. ¿Quién necesita luces LED cuando tienes un elevador hidráulico, un cosplay de Morrigan y una buena toma a contraluz con humo de escape?

Nos vemos en la próxima TallerCon 2026. Lleva tu llave inglesa y tu sentido del humor.
Y si ves que alguien vende Funkos pirata, ya sabes qué hacer:
tíralo en la fosa de aceite usado.