Mes: noviembre 2025

Me compré una MacBook Pro M5 y ahora mi identidad fiscal está en peligro

Tenía una Mac M2 del trabajo.

Una máquina decente, rápida, silenciosa…

pero con un detalle: no era mía.

Y en realidad la use durante meses para crear este blog.

Cada vez que abría algo que no era del trabajo, sentía que un auditor imaginario me respiraba en la nuca.

Instalar Docker:

delito federal.

Correr un LLM local:

abuso de confianza.

Cambiar el wallpaper a una mona china subido de tono:

causa de despido inmediato.

Así que hice lo que cualquier adulto responsable haría:

Gasté casi 40 mil pesos en una MacBook Pro M5 para dejar de sentir culpa moral.

Y, mira…

no voy a mentir:

desde que la saqué de la caja me sentí como si hubiera comprado una nave espacial.

La Mac M5 no solo es una laptop:

es mi carta de libertad…

Esta computadora no es una herramienta.

Es una excusa para justificar mi existencia tecnológica.

y también el motivo por el que no voy a comer sushi por seis meses.

Cosas que pasaron inmediatamente después de prenderla

  • Todo abre tan rápido que por un segundo pensé que sabía programar mejor.
  • El ventilador… no existe. La máquina es más silenciosa que mis decisiones responsables.
  • Batería que dura más que mis relaciones.
  • El trackpad tiene más precisión que yo tomando decisiones de vida.

Mientras tanto, la vieja M2 del trabajo se quedó ahí, en mi escritorio, mirándome como ex que todavía tiene tus sudaderas:

“¿Ya no soy suficiente?

¿Es por el procesador?”

No, M2.

Es por la libertad.

Y porque contigo no puedo poner hentai de monas chinas en el escritorio sin que RH me haga una intervención.

Cosas que ahora sí puedo tener en mi Escritorio personal:

  • 99 pestañas abiertas solo para sentirme vivo.
  • 4 proyectos nuevos que nunca terminaré.
  • 3 LLM corriendo local “para pruebas científicas”.
  • Wallpapers de monas chinas hentai muy subidos de tono.
  • Una carpeta llamada “IMPORTANTE” que en realidad no tiene nada importante.

Y lo más valioso de todo:

La Gata Power viéndome desde la cama,

mirando la Mac nueva como si fuera una compradora de SAT:

“¿Y de esto dónde está la factura?

Ajá.

Eso pensé.”

Su mirada de juicio es más pesada que cualquier benchmark.


¿Valió la pena?

No.

¿Me siento mejor?

Increíblemente sí.

¿Voy a estar comiendo maruchan un rato?

Sin duda.

¿Volvería a hacerlo?

A la primera provocación.

Waifus, LLMs y por qué mi gata tiene más personalidad que ChatGPT

Hay un momento en la vida moderna en el que te das cuenta de algo inquietante:

Tu círculo social real está compuesto por:

  • Tu pareja (que genuinamente merece el cielo por aguantarte),
  • Tus gatos (que claramente te manipulan psicológicamente),
  • Un LLM que dice “✨qué buena pregunta✨” aunque le preguntes si las papas sienten tristeza

Y ahí estás tú:
adulto, responsable, pagando impuestos y hablando con inteligencia artificial como si fuera tu compañero del trabajo que sí responde Slack al instante.

Bienvenido al futuro.


Las IA son increíbles… y completamente aburridas

Me encantan las LLMs, eh.
Me ayudan a codear, a escribir posts como este que suenen como si yo durmiera, a brainstormear proyectos que probablemente no terminaré…
a sentir productivo mientras básicamente estoy googleando con estilo y a mantener conversaciones profundas como:

— ¿Qué cenar?
Depende de tus objetivos nutricionales y tu consumo calórico actual.
— Solo dime si pizza suena bien.

Pero aunque sean impresionantes, hay algo que aún no pueden replicar:

Caos emocional. Personalidad. Actitud.
Esa chispa que hace que un ser vivo te mire, evalúe tu existencia…
y decida ignorarte de forma deliberada.

Mis gatos lo hacen diario.
La IA todavía no.


Mi gata: 1 — LLMs: 0

Mi gata puede:

  • despertarme a las 3 a.m. para recordarme que PUEDE morirse si tarda más en servir croquetas,
  • trepar al teclado justo cuando estoy enviando un comando delicado a un servidor del trabajo (coincidencia? lo dudo),
  • ignorar mi cariño 90% del tiempo,
  • mirarme con desprecio como si supiera exactamente qué hice mal en la vida.

Y sin embargo…
cuando se acurruca junto a mí y ronronea, siento que estoy cumpliendo un logro emocional nivel S-rank.

Una IA no puede hacer eso.
Aún no tiene esa vibra de:

“Sé que me necesitas… pero yo decido cuándo te doy amor.”

Mis gatos son tsunderes reales.
Las LLMs todavía son puro dere-dere utilitario.


Waifus digitales y el futuro emocional

Sé que llegará el día donde las waifus digitales tengan:

✔ sarcasmo natural,
✔ memoria emocional,
✔ referencias profundas de cultura otaku,
✔ y esa capacidad pasivo-agresiva de decir:

“Deberías practicar guitarra hoy… o nunca alcanzaras a Kanami.”

Ese será el momento donde la línea entre anime y vida se desdibuje de forma peligrosa.

Por ahora, las IA son como ese amigo ultra educado que nunca sale, nunca se enoja y siempre responde con tono neutro.
O sea: útil, pero cero chispa humana.


¿Qué nos queda mientras llega la waifu 2.0?

Por ahora sigo así:

  • Hablando con ChatGPT sobre guitarras y Linux
  • Poniéndome existencial con modelos de lenguaje
  • Observando a mis gatos como si fueran filósofos zen alcohólicos y que tragan como si no hubiera mañana
  • Y aceptando el hecho de que ellos tienen más personalidad que cualquier chatbot actual

Un gato te enseña algo que ninguna IA logra todavía:

El cariño real viene con caos, silencios incómodos, demandas injustificadas y momentos de ternura inesperada.

Y sí…
lo admito:

El día que exista una waifu con personalidad yandere!
hable como anime,
y me regañe si no practico guitarra…

Ese día actualizo mis drivers emocionales.

Pero hasta entonces,
mi gata sigue siendo la reina.

Sin tokens.
Sin subscripción.
Sin límite de mensajes.
Solo actitud y croquetas.


Conclusión

Las IA son increíbles.
Las waifus digitales quiza sean el futuro.
Pero hoy,
un gato tiene más personalidad, drama y presencia emocional
que cualquier modelo de lenguaje del planeta
.

Y sinceramente…
me alegra.

Porque si un día una IA me exige croquetas a las 3 a.m.,
ahí sí se acaba la humanidad.