
Hay dos tipos de personas en este mundo:
- Los que se rinden cuando ven un mapa con mil pasillos que no llevan a ningún lado.
- Los que seguimos golpeando cada pared sospechosa con la esperanza de encontrar un cuarto secreto lleno de pollos fritos o misiles.
Obviamente pertenezco al segundo grupo.
Acabo de terminar Hollow Knight y estoy en plena tortura con Silksong. Y, aunque son buenos, sinceramente: meh. Son juegos sólidos, bien diseñados, con un mundo increíble… pero no me volaron la cabeza. Quizás porque mi estándar está en niveles absurdos: Super Metroid y Castlevania: Symphony of the Night.
La religión según Super Metroid

Hay gente que mide su vida en logros laborales o en relaciones amorosas. Yo la mido en runs de Super Metroid. Lo he terminado en menos de 2 horas solo para ver el final alternativo. Eso no es amor, es una relación tóxica con un cartucho que me hizo sufrir desde que tenía 9 años.
De niño, jamás entendí cómo terminé Metroid II en Game Boy. Mis neuronas prepubertas no estaban listas para esa cantidad de backtracking sin mapa. Y aún así, ahí estaba yo, con mi lamparita de pila apuntando a la pantalla verde fosforescente, convencido de que estaba logrando algo que merecía un altar.
Castlevania SOTN: el Evangelio del Doble Salto
Symphony of the Night es básicamente el padrino del género. La primera vez que conseguí el Doble Salto fue como una revelación divina: “¡Ah, con razón no podía pasar esa plataforma ridícula!”. Y claro, cuando crees que ya dominas el juego, te sueltan la bomba: “oye, ¿y si exploramos el mismo castillo pero al revés?”.
Es como la vida adulta: piensas que ya pasaste el nivel, pero no. Te dan la vuelta al mapa y ahora los enemigos son más fuertes, todo está patas arriba y sigues buscando desesperado dónde está el maldito teleport.
Hollow Knight y Silksong: la secta indie
Hollow Knight me atrapó, sí. Es bonito, desafiante, atmosférico. Pero también tiene momentos en que parece que te está trolleando. Caminas 40 minutos, encuentras un boss imposible, mueres, y tu “alma” queda a 3 km de distancia, custodiada por insectos pasivo-agresivos. Y ahí vas otra vez.
Silksong, en cambio, me ha convencido un poco más. Hornet se mueve con una agilidad que hace que todo el backtracking sea menos castigo y más parkour. Esa movilidad extra le da un ritmo mucho más disfrutable que el original, aunque la esencia siga siendo la misma: perderte, morir, perder más, y volver a intentarlo.
Las enseñanzas espirituales del género
Los Metroidvania no son solo juegos. Son un reflejo de la existencia:
- El backtracking eterno: como cuando vas al súper y olvidas la leche. Vuelves, pero ahora con el ítem de doble salto (o con el coche porque ya te hartaste).
- Los muros invisibles: esos problemas de la vida que solo se resuelven cuando tienes la habilidad correcta. ¿Dinero? ¿Confianza? ¿Una pareja estable? Spoiler: necesitas el Grappling Beam.
- Los bosses imposibles: siempre habrá un Ridley esperándote. En el trabajo, en la vida, en el gym. Y sí, siempre llega antes de que guardes partida.
- Los secretos absurdos: a veces hay pollo asado escondido en la pared. No preguntes por qué, solo cómelo.
En conclusión
Super Metroid es la biblia. SOTN es el evangelio. Hollow Knight es el salmo apócrifo bonito pero un poco sobrevalorado. Y Silksong… es un sermón mejorado, con más ritmo y movilidad, aunque siga siendo tan masoquista como el primero.
Al final, lo único seguro es que seguiré golpeando paredes, esquivando jefes imposibles y buscando ese ítem que me permita llegar al siguiente cuarto de mi vida.
Porque si algo nos enseñan los Metroidvania es que todo parece imposible… hasta que consigues el maldito doble salto.

… No puse una guía de verdad
Supervivencia básica en un Metroidvania (para que no llores como yo a los 9 años)
Jugar un Metroidvania no es solo entretenimiento, es un estilo de vida masoquista. Entre perderte, regresar a la misma puerta bloqueada mil veces, y darte cuenta de que el mapa parece un laberinto diseñado por un arquitecto resentido, estos juegos ponen a prueba tu paciencia y tu orgullo gamer.
Pero no te preocupes, aquí dejo unos pasos de supervivencia probados en carne propia:
1. Mapa o muerte
Si el juego tiene mapa: bendición. Si no lo tiene: condena. Dibuja, imprime, tatúalo en la piel si hace falta, pero no confíes en tu memoria. A los 9 años me metí en Super Metroid 2 y terminé perdido como turista en Tepito. Nunca más.
2. Acepta el backtracking como religión
Sí, vas a regresar mil veces al mismo pasillo. El truco es disfrutarlo. Hazlo como si fueras a visitar a un viejo amigo… que siempre está lleno de bichos esperando matarte.
3. Aprende a sospechar de todo
¿Una pared rara? Bombas. ¿Un piso que brilla? Golpéalo. ¿Un enemigo imposible de vencer? Regresa después con un láser más grande. El mantra es: todo es sospechoso, nada es decorativo.
4. No te cases con el primer power-up
En Metroid o Castlevania siempre hay upgrades más sabrosos. La patada doble, el dash, el triple salto… así que no te enamores del primero, porque en dos horas ya parecerá una chancla vieja.
5. La paciencia es tu mejor arma
Los bosses en estos juegos no se ganan con prisa, sino con timing y memoria muscular. Haz que tu control llore, pero no tú.
6. Speedrunear es terapia
Cuando termines el juego, vuelve y hazlo rápido. Yo he terminado Super Metroid en 2 horas porque ya me lo sé de memoria. Es como lavar los trastes con furia: rápido y sin pensar.