O cómo la modernidad me permite evitar el contacto humano sin sentir (tanta) culpa

¿Recuerdas cuando la tecnología prometía conectarnos con el mundo?
Bueno, yo solo quería que me ayudara a no hablar con nadie.
Gracias a la magia de los avances modernos, ahora puedo:
- Ignorar llamadas sin sonar grosero (“lo vi tarde, lo juro, estaba en modo no molestar desde el 2019”).
- Poner “reunión” en el calendario solo para quedarme viendo memes sin ser molestado.
- Decirle a WhatsApp que me lea los mensajes por voz, para no tener que hacer el mínimo esfuerzo emocional.
- Hacer la compra del súper, pagar servicios, hablar con el SAT, y cancelar citas médicas… todo sin ver una sola cara humana.
La tecnología no nos alejó.
Nos salvó del small talk.
Nos dio la libertad de estar solos… y encima, con Wi-Fi.
¿Es saludable? Probablemente no.
¿Me importa? No mientras Alexa no empiece a juzgarme.
Próximamente: cómo tener relaciones funcionales sin tener que oír a nadie masticar.
No me llames, mándame un meme
¿Recuerdas cuando la gente te llamaba sin avisar y tú tenías que contestar?
Tiempos oscuros.
Ahora tenemos mensajes, notificaciones silenciosas y la excusa perfecta:
“estaba en modo No Molestar”
(Spoiler: siempre está activado. Es mi modo de vida.)
Hay gente que aún prefiere hablar por teléfono.
Gente peligrosa.
Gente que debería estar en listas de vigilancia.
Calendario: mi mejor barrera social
Hoy en día puedes poner una reunión en tu calendario solo para no tener que ver a nadie.
Reunión contigo mismo. En silencio. Con JPOP y una cara de “estoy ocupado, no molestes”.
Yo tengo bloqueadas dos horas al día que se llaman literalmente:
“Evitar interacción humana”
Y funciona. Porque si algo respeta la gente más que tu tiempo…
es la posibilidad de que estés en una videollamada con alguien más importante que ellos.
Hacer el súper sin hablarle a nadie: nivel dios
Comprar todo desde una app.
Que me lo dejen en la puerta.
Y que el repartidor no toque el timbre.
Esa es mi religión.
Yo no quiero saber si hay promoción de aguacate.
Quiero que los objetos aparezcan como por arte de magia, sin mediar palabras, miradas ni sonrisas falsas.
El ser humano fue diseñado para cazar mamuts.
No para escuchar: “¿Va a querer redondear su compra?”
Tecnología que me protege del mundo (y de mí mismo)
- Gmail que me sugiere respuestas para no tener que pensar.
- WhatsApp que me lee los mensajes en voz alta para que no tenga que procesar emociones.
- Bots de soporte que me tratan como si fuera importante.
- Relojes que miden mi estrés mientras yo lo ignoro profesionalmente.
La tecnología me da herramientas para sobrevivir en un mundo lleno de gente…
…sin tener que convivir con ella.
¿Y la soledad?
Claro que a veces se siente el vacío.
Pero también se siente cuando alguien te cuenta cómo estuvo su día durante 37 minutos sin respirar.
Y si tengo que elegir entre estar solo o escuchar otra historia sobre lo que soñaste…
prefiero abrazar a mi robot aspiradora.
Antisocial, pero eficiente
La tecnología no nos deshumanizó.
Nos hizo más eficientes en nuestra misantropía.
No estoy diciendo que odiar a la gente sea sano.
Solo que, con las herramientas adecuadas, se vuelve mucho más cómodo.
Así que si alguna vez te sientes mal por dejar en visto, ignorar llamadas o fingir que estás en reunión…
Recuerda: la tecnología está de tu lado.
Y yo también.
Pero desde lejos.
Con audífonos puestos.
Y notificaciones en silencio.