(o cómo pasamos de comprar pósters de Evangelion a que nos ofrezcan ser ahorcados con muslos por 100 pesos)

Ya con 40 años bien cumplidos (sí, el otaku también envejece), me lancé a la convención de Vive la Conco… ¿Quién sabe por qué ya no se llama ConComics? Algo legal habrá pasado, como siempre. El punto es que, como cada año, caigo a unas dos convenciones aquí en Guadalajara, y casi siempre son estas —las de ConComics o ahora Vive la Conco o como se llamen esta temporada—. Llevo como 25 años yendo a estos eventos, y sí, todo ha cambiado un montón.
Primero lo obvio: la raza ya no es la misma. Hay nuevas generaciones, nuevas prioridades… y lo que antes era el clímax del evento —el concurso de cosplay— ahora es casi un sidequest. Lo que de verdad mueve la convención hoy son dos cosas:
- Los puestos de arte (mayoría fujoshis, sí, se tenía que decir), con prints que parecen salidos de un fanfic con exceso de esteroides.
- Los cosplayers profesionales… que ya no solo posan para fotos, ahora también tienen su QR bien visible para su OnlyFans o Ko-fi. O te ofrecen, por módicos 100 pesos, que te ahorquen con sus muslos en plena convención. Un gran momento para estar vivo, sí, pero también un gran momento para hacerse el que no vio nada y seguir caminando con dignidad 😅…. que por cierto la oferta de es la cosplayer roxii_cosplay en el link sus redes por si están interesados (mención no pagada) .

Y no lo digo como boomer amargado (bueno, tal vez un poco), pero estas cosas cambian la vibra. Antes era más ñoño e inocente; ahora es medio feria kinky con Pikachu en el fondo. No está mal, solo… distinto. Como si Evangelion ahora fuera dirigido por Quentin Tarantino.
Y si bien hay cosas que se agradecen —como los expositores que se avientan la chamba de hacer lámparas, cuadros o figuras con tus personajes favoritos—, hay que decirlo: está todo muy pitero. O sea, se valora el esfuerzo, pero parece que la mitad de los puestos salieron directo de un bazar de Facebook. Todo brilla, todo es LED, y todo cuesta como si lo hubiera bendecido Miyazaki en persona.
Y ya ni hablemos de los precios. La inflación otaku está alv. Ves un peluche de Gengar y te lo quieren dejar ir en 800 pesos… cuando sabes perfectamente que viene de algún oscuro rincón de AliExpress y que tardó más el envío que lo que costó fabricarlo. Literal, hay cosas que se ven más originales en la caja de cereal.
Además, ya no hay esa sensación de “wow, esta figura jamás la había visto” o “esto solo lo encuentro aquí”. Ahora puedes conseguir todo —y mejor— desde tu sillón con una tarjeta de débito y conexión WiFi. Las convenciones ya no son ese lugar místico donde te topabas mercancía de culto, de esas series que marcaban época (llámese Cowboy Bebop, Evangelion, Rurouni Kenshin, etc). Hoy todo es Jujutsu Kaisen, Kimetsu no Yaiba y un mar de Funkos que parecen clonados en masa por un algoritmo sin alma.
Y sí, entiendo que el mercado cambia, que los morros consumen otras cosas, pero se siente más como una expo de TikTok que como un templo otaku. Igual y ya es la edad, o igual y siempre fue así y uno lo veía con los ojos de la emoción adolescente… pero no sé, hay algo que se perdió entre tanta luz neón y tanto fanservice con envoltura de negocio.
Y ojo, no es que no vaya a volver. Claro que seguiré yendo. Porque al final, por más que la experiencia se haya transformado en este híbrido raro entre mercadito ñoño y OnlyCon, uno no deja de amar este desmadre. Hay algo en el olor a ramen instantáneo, el calor insoportable de los trajes de cosplay, y ese momento en que suena algún opening noventero y todos lo cantan como himno de guerra… que simplemente no se encuentra en otro lugar.
Pero sí, ya no es lo mismo. No es nostalgia barata, es una realidad que se siente en el ambiente. Como cuando tu banda favorita sigue tocando pero ya sin el vocalista original. Va, cumple, entretiene, pero algo se fue y no ha vuelto.
Tal vez eso es crecer. Tal vez eso es ser otaku en los 40.
Tal vez… es hora de hacer nuestra propia convención… En un taller mecánico!
No es broma: allá por los 2000s, se organizó una «convención» en un taller mecánico en Guadalajara y, sinceramente, estuvo más chida que muchas de las que se hacen ahora. Tenía cero pretensiones, pura banda ñoña real, mercancía artesanal y olor a aceite quemado. Pero había alma, Había alma!
Y mira, hasta sería útil para las cosplayers de hoy: se pueden engrasar de paso y así sacan contenido más rápido para sus Only. ¿Quién necesita luces LED cuando tienes un elevador hidráulico, un cosplay de Morrigan y una buena toma a contraluz con humo de escape?
Nos vemos en la próxima TallerCon 2026. Lleva tu llave inglesa y tu sentido del humor.
Y si ves que alguien vende Funkos pirata, ya sabes qué hacer:
tíralo en la fosa de aceite usado.

